Reyes Gaitán Mercado
Cuando yo tenía quince años de edad trabajé como peón en la Planta Eléctrica de Managua. Eso fue en 1940. En ese tiempo laboraban allí unas ochenta personas, incluyendo al jefe, que era el ingeniero Moisés Henríquez y entre el personal había un trabajador que era completamente diferente a los demás compañeros. Yo lo miraba muy raro. Digo esto porque estamos acostumbrados a mirar hombres feos, elegantes, altos, bajos, gordos, delgados, blancos, morenos, etc.
La rareza de aquel trabajador consistía en que de la cintura hacia arriba era largo, tan largo que parecía que esa parte de su cuerpo fuera la de un hombre de elevada estatura; pero sus canillas eran demasiado cortas, y como en algunos centros de trabajo tienen la fea costumbre de poner apodos, en la planta no había excepción, y al sujeto le decían “Champainana”. Y ahora, cuando miro a los jóvenes modernos usando sus pantalones en una forma tan ridícula, viene a mi memoria aquel personaje que conocí en la Planta Eléctrica hace más de sesenta años.