Julio Blanco Castillo
Años atrás leí el libro El camino de Yenán, escrito por Mao Tse-tung, fundador de la República Popular de China, que contiene consejos sobre lo que los movimientos socialistas en todo el mundo deben hacer para tomar el poder.
Los métodos para ganar adeptos son: persuasión, coacción, adoctrinamiento, etc. Los blancos son principalmente quienes detentan poder e influencia: políticos, militares, eclesiásticos, docentes —sobre todo catedráticos—, líderes gremiales y sindicales, empresarios, periodistas y propietarios de medios de comunicación.
El pasado 19 de julio mientras miraba por televisión a Daniel Ortega con monseñor Eddy Montenegro, me preguntaba si la Iglesia Católica había decidido volver a recorrer el largo camino hacia la utopía comunista por el que ya anduvo en los años setenta. Creo que es cuestión de estrategia. La Iglesia no puede seguir distanciada de un partido que goza de gran respaldo popular y que controla buena parte del andamiaje político, económico, jurídico y militar del país. Al reconciliarse con el FSLN la Iglesia vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad de adaptación a las cambiantes circunstancias, que le ha permitido ver pasar los cadáveres de sus adversarios a lo largo de más de dos mil años.