Porfirio J. Gómez
A propósito del artículo publicado en las páginas de Opinión el domingo 20 de julio (Qué mal hablamos…), desde niños aprendimos por generaciones y luego como padres enseñamos a nuestros hijos y éstos a nuestros nietos, que los verbos unidos a los pronombres personales se conjugan así: yo soy honesto, tú eres honesto, él (ella) es honesto, nosotros somos honestos, vosotros sois honestos, ellos (ellas) son honestos. Sin embargo, por mucho que repasamos y repetimos incesantemente esta forma de conjugar los verbos, nunca la llevamos a la práctica cotidiana de la comunicación. Más bien nuestra manera de conjugar que no sólo evita el buen decir sino que va más allá, puesto que sin sonrojos decimos con afectación: yo soy ladrón, vos sos ladrón, él (ella) es ladrón, nosotros somos ladrones, ustedes son ladrones, ellos (ellas) son ladrones y, en general, todos somos ladrones. ¿Por qué será sí?