- Don Leoncio Velásquez Jarquín, un campesino de una comunidad matagalpina, de 88 años, fija sus ojos sobre una hoja del cuaderno, y balbucea: “Yaaaa seeeé leee – er… Eees – toooy aaa – leee – greee”. A través de la radio llegó la alfabetización radiofónica a su rancho familiar
Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL/[email protected]
Don Leoncio nunca fue a la escuela, pero aunque entradito en años, ahora ya sabe leer y estampar su firma. “Nunca fui (a la escuela), mis padres eran pobres, no tengo ningún grado… ahora estoy muy agradecido porque ahora puedo poner mi nombre y no voy a estar allí pintando el dedo en la planilla”, dice orgulloso, mientras añade: “Estoy complacido y uno agradece lo que le dan y lo que hacen porque uno supere”.
Sus condiciones físicas no son iguales a las de un joven y su vista ya está cansada por el paso de los años, sin embargo, don Leoncio Velásquez Jarquín, vecino del caserío El Hular, en el municipio El Tuma-La Dalia, vislumbra un mejor futuro, pues la alfabetización llegó hasta él y la luz del saber ilumina su vida.
Mientras traza algunas letras sobre su cuaderno, don Leoncio admite que jamás había ido a la escuela y le avergonzaba poner su huella dactilar en las planillas de los patrones.
Don Leoncio es uno de los primeros graduados del programa de alfabetización radiofónico, Nuevas Esperanzas, un proyecto concebido por el recientemente fallecido empresario radial Salvador Mendoza Castillo, propietario de la emisora Stereo Yes, de Matagalpa.
Por once semanas, disciplinadamente, todos los días, a las seis de la tarde, don Leoncio, su hija Margarita Velásquez Picado, de 58 años; don Juan Pablo Herrera Reyes, de 73; doña Genoveva Méndez Aguilar, de 75 años e Ivania López Vanegas, de 20 años, se reunían en casa del primero, donde escuchaban la radio para poder aprender a leer y escribir.
SUPERANDO EL ANALFABETISMO
En la etapa de pilotaje del proyecto Nuevas Esperanzas, se graduaron 230 campesinos de las comunidades El Hular, La Lucha y La Castilla, todas con un índice de analfabetismo superior al setenta por ciento.
Tras intensas jornadas de trabajo, hombres y mujeres del campo han dejado a un lado el machete, azadón y otros implementos agrícolas, para tomar la radio, su cartilla, cuaderno y lápiz, reunirse en familia o con amigos, e iniciar el proceso de aprendizaje.
Doña Margarita, la hija de don Leoncio asegura: “Ya sé poner mi nombre y ahora, como dice mi papá, ya no vamos a andar poniendo el dedo para poder manchar una planilla. Me siento agradecida porque nos han traído la enseñanza a la casa con la radio y nosotros hemos aprendido lo poco que sabemos”.
“No sabemos bien, pero lo poco que hemos aprendido fue oyendo la radio y poniéndole mente a lo que dice la maestra por la radio”, agrega doña Margarita.
APRENDIENDO CON RADIO PRESTADO
Para doña Genoveva Méndez Aguilar, el hecho de no tener radio no fue impedimento para que aprendiera a leer y escribir. Ella se reunía con la familia Velásquez y otros vecinos.
“Tenemos que conseguir pa’ comprar uno (radio), pa’ que aprenda toda la familia”, dice riendo doña Genoveva.
Juan Pablo Herrera Reyes advierte que “no es muy fácil aprender a leer y escribir. Es bastante trabajoso y más para nosotros que ya estamos con los años encima, pero ahí vamos, con la ayuda del Señor, aprendiendo poco a poco. Y ojalá que este programa no termine para que aprendamos más”.
SOLIDARIDAD Y UNIÓN FAMILIAR
Además de leer y escribir, los campesinos de El Hular han aprendido a estrechar los lazos de amistad y solidaridad entre ellos. En casa de Pastor Luna Alaniz, por ejemplo, se reunían entre 15 y 20 personas, todos los días, a compartir su aprendizaje.
“Somos más amigos ahora”, dice don Pastor, de 64 años. Este campesino asegura que nunca antes fue a la escuela y que, habiendo crecido en la comunidad La Corona, municipio de San Ramón, no había escuela cercana y sólo tres de sus hermanos menores aprendieron a “medio leer”.
Antes de iniciar el programa de alfabetización radial, la familia de don Guillermo Castro Herrera casi nunca se reunía a la pequeña mesa que les sirve de comedor y ahora de escritorio.
“Uno estaba trabajando, la mujer atendiendo a los niños chiquitos y el más grande ayudándonos o jugando afuera, por eso casi no nos reuníamos todos aquí”, expresa Castro.
Con el programa de alfabetización por radio, surgieron nuevas esperanzas para él, su esposa Silvia Herrera Talavera y su hijo mayor Balbino, graduados del proyecto. Mientras ellos escuchan la radio, doña Silvia carga en sus brazos y amamanta a un bebé de un año, mientras el pequeño Guillermo, de cinco años, los observa sin molestar. A veces, él también toma un lápiz, con deseos de aprender.
“Estaba listo. No sabía nada y por el mismo camino íbamos todos. Entre los tres nos ayudamos en lo que no entendíamos y así aprendimos bastante”, dice don Guillermo.
MONITORES CLAVES EN EL ÉXITO
Los beneficiarios de Nuevas Esperanzas, coinciden en que el éxito alcanzado en este programa de alfabetización radial, se debe a los “monitores”, como Francisco Lemus Méndez.
Los escuchas se apoyan de una cartilla donde aparecen las lecciones diarias, que orienta la maestra por la radio.
Tras escuchar las clases radiales durante cinco días de la semana, los sábados o domingos, debían sostener encuentros presenciales con los monitores y con ellos evacuar las dudas que les quedaban.
“Con este inicio, a través del programa por la radio y los encuentros con el compañero Francisco, hemos venido aprendiendo mucho. Con él hemos estado de la mano, poniéndonos de acuerdo para salir adelante”, dice don Guillermo.
Refiere que “en los programas de la radio nos iban diciendo qué ejercicios íbamos a hacer, las letras que íbamos a escribir para ir formando nombres de personas y de otras comunidades con las mismas letras”.
El monitor del programa, Lemus Méndez, destacó el entusiasmo por aprender entre los campesinos.
“Todos logran identificar las palabras. Uno se llena de gozo al ver que la gente de la comunidad va aprendiendo, que pueden ir enseñando a otros lo que ellos aprendieron y puedan aspirar a un cargo en la misma comunidad, como promotores de salud, líderes comunitarios y muchos más”, expresa Lemus.
SEGUIRÁN CON MAESTRO EN CASA
René Salgado Milá, asesor cubano del Instituto Pedagógico Latinoamericano y del Caribe (Iplac) y uno de los responsables del programa de alfabetización radial, señaló que el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) reconoció y avaló este programa, por lo que los alfabetizados serán asimilados por el programa Maestro en Casa, que esa entidad impulsa a través de otras estaciones de radio.
“Éste ha dejado de ser un proyecto. Lo vamos a continuar extendiendo a 33 comunidades rurales de los municipios de Matagalpa, El Tuma-La Dalia y San Ramón. Estos alumnos no se quedan aquí, porque una vez egresados de nuestro programa, entran al Maestro en Casa, del MECD”, aseguró Salgado.
Salgado señaló que desde que Salvador Mendoza Castillo concibió la idea de impulsar el proyecto Nuevas Esperanzas, se puso en contacto con el Iplac, que brindó su asesoría, pues existen experiencias en otros países como Haití, México y varios países de África.
“Este método es viable. No sólo en Nicaragua se está demostrando, sino que tenemos experiencia de otros países en los que Cuba ha prestado colaboración, que este método es viable, que se puede aplicar y se alcanzan resultados”, afirma Salgado.
“El año antepasado (2001), con la asesoría de Cuba, en Haití iniciamos un proyecto similar y comenzamos en una comunidad cercana a Puerto Príncipe con 350 como muestra y hoy por hoy ya hay más de 80 mil haitianos alfabetizados por este método. En varios países de África también tenemos este método que está dando resultados y también en el Estado de Quintana Roo, en México”, aseguró el asesor.
ESFUERZO RADIOFÓNICO
Las clases radiales que se impartieron durante once semanas, fueron transmitidas por las emisoras Stereo Yes, con cobertura nacional; Radio Hermanos, de la Diócesis de Matagalpa, con cobertura regional y Stereo Dalia, con cobertura en El Tuma-La Dalia. Las tres emisoras continuarán transmitiendo Nuevas Esperanzas, donde se beneficiarán 33 comunidades de Matagalpa, El Tuma-La Dalia y San Ramón.