Hernaldo Núñez Molina
La Convención del 11 de julio del PLC fue un desastre. Lo único bueno fue lo multitudinario, pues con medios económicos llega cualquiera a pasar el tiempo en una reunión con música, comidas y bebidas gratis.
Eso no era PLC con 110 años de existencia, como estaba anunciado, pues este partido fue fundado por el doctor Ramiro Sacasa (q.e.p.d.), con un grupo de profesionales prominentes como los doctores Pedro Quintanilla (q.e.p.d.), Orlando Trejos Somarriba y José Antonio Tijerino Medrano.
Lo que se vio fue a un jefe de bancada recogiendo firmas para obligar al licenciado Eduardo Montealegre a renunciar del Ministerio de Hacienda. Una señora haciendo alardes de líder pidiendo lo mismo, que parece era una consigna de su marido. Un grupo de sandinistas invitados de honor y bien atendidos. Lo más regular, un discurso del doctor René Herrera quien pone en práctica sus experiencias en el PRI mexicano.
Lo más sobresaliente del partido liberal sin apellidos son las dos sangrientas dictaduras, de Zelaya y de los Somoza. Naturalmente que las dictaduras dejan algunas buenas cosas, como en Argentina con Perón, en Venezuela con Pérez Jiménez, en Dominicana con Trujillo, en Guatemala con Ubico, en El Salvador con Martínez y en Honduras con Carías.