Irving Prado
Yo tenía apenas año y medio de edad cuando el 19 de julio de 1979. Durante la década de los 80 conocí los ideales que inculcaban en la escuela, en el barrio, y donde fuese en Nicaragua, los ideales de Sandino y el Che Guevara. Qué bonito sonaba todo. En especial aquello de que los niños éramos el “futuro de la revolución”.
A 24 años del triunfo de esos ideales qué triste es verlos secuestrados por los mismos señores que prometían a la niñez nicaragüense ser el futuro de Nicaragua. Qué bien engañaron al pueblo y qué triste es ver la figura de viejos esperpentos adueñados del pensamiento de grandes héroes.
Es hora de salvar esos ideales. Deben dejar que caras nuevas y mentes jóvenes continúen la labor que comenzó hace 24 años, que pudo ser muy buena pero que fue empañada por los errores de una cúpula sedienta de poder y necesitada de idolatría. Mañana podría ser muy tarde.