Marlon José Navarrete Espinoza
Queriendo emular a un revolucionario con su mente de ráfagas temerarias y bombas de contacto en su corazón, un joven con alma de visionario vaga entre las ruinas de un terremoto y los tiroteos de una guerra.
El Che y Fidel son sus Moisés y su Mesías. El comunismo es la fuente de su vida.
Con la inteligencia como fusil y la revolución como consigna, abrazó su ideología y el sueño de este compañero sumió en pesadilla al pueblo prisionero.
Tragedia para el pueblo que un general de estrellas se fue y otro regresó en su lugar, puliendo su brillo con la sangre de los jóvenes en descomposición.
Clamando a voz alta decían “en las montañas enterraremos el corazón del enemigo”, pero lo que enterraron fue el corazón del amigo.
El dolor nació y de llanto al país sembró. Ante tanta tristeza y desgracia falleció la entusiasta y estridente retórica convirtiéndose en una condena histórica.
Cegado por el odio de la ideología el muchacho olvidó que hay un Dios que juzgará si en vida firmó la paz o empuñó la guerra.