Angélica Martínez [email protected]
La definición de mito es muy difícil de establecer. Una definición habitual de mito dice que este es “una fábula o ficción alegórica”. Siguiendo esta definición Cantos de Cifar y del Mar Dulce no tiene nada qué envidiarle a la Odisea, por cuanto es un relato que proviene de los habitantes del mar: los marineros. Ellos han sido los responsables, en casi todas las culturas, de propagar esas historias que con el tiempo se convierten en mitos.
Cantos de Cifar y del Mar Dulce, de Pablo Antonio Cuadra (q.d.e.p.), está compuesto por 84 poemas y tres prosas. En los poemas encontramos un hilo conductor, apenas perceptible, que encadenan cada capítulo de la historia de Cifar conforme los vamos leyendo.
Según sus críticos, este libro cuenta con todo el argumento necesario para ser una novela. Pero su novedad se inscribe precisamente en la forma en que está contada la historia de este pescador que al final encuentra la muerte en el mar dulce, justo donde vivió feliz la mayor parte de su existencia dando paso al mito de ese pescador.
Pablo Antonio narra en forma de versos, a la vieja usanza española, la historia de Cifar. En esos versos un navegante de la mar dulce, cuenta su propia historia como si fuera la de muchos, pero sus versos van matizados por el color de la vida humilde que llevan los pescadores en cualquier lugar del mundo, no sólo en Nicaragua.
Tal como pasa cuando revisamos algunos textos mitológicos, tanto occidentales (mitología griega) como precolombinos (Popol-Vuh), encontramos ciertos rasgos similares. Por ejemplo, todos apuntan hacia la existencia de divinidades y cada una de éstas da origen a un mito.
Las narraciones del origen del mundo y de los hombres, de la naturaleza y las fuerzas que la componen, al fin y al cabo de lo que siempre ha interesado al hombre por el misterio que hay detrás de estos temas, plagan por completo esta obra que vale la pena leer.
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