Angélica Martínez [email protected]
Esta semana decidimos dejar los reventones de un lado y adentrarnos en el mundo deportivo. La cita fue en el Colegio Centroamérica donde se llevaba a cabo las “miniolimpíadas” con la participación de los colegios jesuitas de Guatemala, Honduras, Panamá y El Salvador.
Cuando llegamos el primer evento que observamos fue el del baloncesto femenino. En ese momento se enfrentaba el equipo nica contra el catracho. A pesar de que este último tuvo un excelente arranque, al final sucumbió ante las pinoleras del Centroamérica.
Luego nos trasladamos hacia las canchas de fútbol donde se concentraba la mayor barra, compuesta por familiares y amigos de los muchachos. Sorprendimos a uno de los vanidosos papás hablando sobre las maravillas que su hijo es capaz de hacer en el terreno de juego gracias a una aptitud innata que tiene para ese deporte.
“Casi desde que aprendió a hablar, cuando miraba los juegos de fútbol por la tele él me decía las faltas que había cometido el árbitro sin que yo se lo hubiera enseñado… es algo innato”, se refería.
En el béisbol sólo hubo dos equipos contrincantes: Nicaragua, representada por el Loyola, y Guatemala. Pero además, hubieron otras categorías en competencia como: atletismo y natación. Este último evento se realizó en la piscina de la Salle y fue igual de reñida que las otras disciplinas.