Ricardo Montenegro D’Trinidad
La conmemoración del 11 de julio este año no se utilizó para recordar a los hombres que con valentía defendieron el derecho a la libertad, la libre expresión, la educación, y sembraron la semilla de la democracia, sino para defender un liderazgo que ha perdido credibilidad. Es momento de dar oportunidad a otros líderes que han venido haciendo camino con su participación activa en el trabajo partidario.
El liberalismo debe unirse y buscar alternativas. La juventud necesita ocuparse en su crecimiento y formación espiritual y educativa. La celebración que se hizo el 13 de julio dejó el testimonio de hombres y mujeres deseosos de una Nicaragua nueva, en paz y democracia, que permita desarrollar todo el potencial que Dios le ha dado, darse por entero al trabajo de formación y liberarse de presiones, venga de donde venga.
El pueblo quiere hombres y mujeres honrados capaces de gobernar con voluntad de servicio, para sacarlo de la pobreza en que la han sumido los caudillos con cara de redentores. Nicaragua debe ser una república en la que sus líderes florezcan por sus virtudes y convicciones.