Enrique Padilla Santos
Estaba preocupado porque en Nicaragua nos estábamos quedando sin nuestras maravillosa fauna, cuando de pronto oí el sonido melodioso y sublime de una gran variedad de pajaritos de todos los colores y encendidos destellos. Unos trinaban a mi derecha, otros allá, al fondo, a mi izquierda, en la retaguardia, en fin por todos lados. Mi chavalo, que es experto en conocer esos cantos, me decía que ese es un BellSouth, el de la derecha es un Nokia, el de la retaguardia es un Motorola, más chiquito, bonito y chillón. Yo me deleitaba y gozaba viendo el agua que caía de una pared llorona; nos encontrábamos en la Selva de los Ranchos en Managua. Gracias a Dios que no estamos aún en una primavera silenciosa, todavía nos queda el canto de unos pájaros mecánicos.