- Es un ejemplo de valentía para sus compañeros de estudios. Desde los 14 años sufría de una enfermedad terminal que la llevó a perder la audición. Sin embargo, gracias al apoyo de su familia y la ciencia superó todos sus problemas y hoy en día es una de las mejores estudiantes de su universidad
Angélica Martínez [email protected]
Los síntomas de la terrible enfermedad comenzaron a manifestarse cuando Indira apenas tenía 14 años, pero ni ella ni su familia les prestaron atención hasta que ya era demasiado tarde: la Insuficiencia renal crónica había avanzado al punto de necesitar un trasplante.
Gracias a un milagro de Dios y de la ciencia, ella recuperó la salud y se convirtió en una de las mejores estudiantes del campus. Pero debido a los medicamentos que usa, ya ha perdido más del 70 por ciento de su capacidad de audición y llegará un día en que la pierda por completo. Ella nos cuenta parte de su historia.
¿Cuándo se dieron cuenta de lo que tenías?
Mi mamá comenzó a sospechar cuando vomitaba todo lo que comía. Después de varios análisis, me dijeron que necesitaba un trasplante de riñón.
Fuimos a muchas partes a solicitar ayuda hasta que llegamos a la Presidencia y me ayudaron a viajar a México, ahí mi mamá y mi tío se hicieron las pruebas para ver quién sería el donador. Mi mamá resultó ser más compatible conmigo y me donó su riñón. Por lo que estoy muy agradecida y más unida a ella que antes.
¿Qué sentiste cuando te dijeron que te podías morir?
Nunca me lo dijeron, siempre me ocultaron lo que realmente tenía. Fue hasta después de que terminó todo que me lo dijeron. Una operación siempre es riesgosa y sí sentí algo de miedo, pero me aferré al Divino Niño y supe que no me iba a pasar nada.
¿Cómo te cambió este episodio en tu vida?
Antes era más introvertida, tímida. Ahora soy más alegre y optimista. Cualquier día te podés morir, por eso trato de hacer feliz a las personas que están conmigo y disfrutar todo lo que hago. Por ejemplo, me encanta ver televisión y leer con mis hermanos.
¿Qué es lo que más te entristece?
Que la gente me quede viendo raro en la calle, porque hablo así y por los audífonos que uso para escuchar. Reacciono haciéndoles mala cara, pero mi mamá me dice que no lo haga porque la gente lo que siente es curiosidad y que no lo hace por maldad… pero a mí no me gusta que me vean así.
Tus compañeros… ¿Sentís que te tratan en forma diferente que a los demás?
No. Ellos me apoyan. Me ayudan a tomar notas y me explican si no entiendo algo que dijo el profesor. Con los maestros tampoco tengo problemas, sólo al inicio de semestre porque ellos no saben de mi sordera, pero después se normalizan.
Y tu familia… ¿Sentís que te sobreprotege?
Al inicio… Recién llegados de México sí. Me acompañaban a todos lados, pero siempre he sido muy independiente y no me gusta que me traten diferente a mis hermanos. Yo viajo sola todos los días desde Jinotepe (donde ella vive) hasta la UCEM. Lo único que no hago es montarme en taxi porque me da miedo (se ríe)… Se oyen muchas cosas en las noticias.
¿Qué consejo le das a los jóvenes que desperdician su tiempo en lugar de estudiar?
Que se propongan metas. Para todo hay tiempo, para divertirse y para estudiar, pero tienen que hacer algo provechoso con sus vidas. Aprendí que todos tenemos un propósito para estar aquí (en el mundo) y si yo no me morí es porque Dios quiere que yo haga algo especial. Me gustaría ayudar a otros jóvenes que estén pasando por lo mismo que yo pasé… Pero aún no sé cómo.