El peligro siempre está latente, ya que los paredones pueden colapsar en cualquier momento y caerle encima a los escarbadores de pómez.

Piedra pómez, el oro blanco de Masaya

Más de 30 personas trabajan en la mina Buena Vista, la mitad de ellos son adolescentes y niños, quienes reciben ocho córdobas por cada saco Miguel Flores/[email protected] MASAYA.- Cuando los primeros rayos del sol salen, los escarbadores de pómez se disponen con sus piochas, palas y zarandas, seguir la labor desempeñada el día anterior, escudriñar […]

  • Más de 30 personas trabajan en la mina Buena Vista, la mitad de ellos son adolescentes y niños, quienes reciben ocho córdobas por cada saco

Miguel Flores/[email protected]

MASAYA.- Cuando los primeros rayos del sol salen, los escarbadores de pómez se disponen con sus piochas, palas y zarandas, seguir la labor desempeñada el día anterior, escudriñar y remover dentro de hoyos y paredes para encontrar la más preciada de todas las piedras, la pómez, la que se ha convertido en su sustento y vida.

Sentados sobre residuos de piedra, con su piel chamuscada por el astro rey; la mayoría viste con ropas gruesas, gorras y camisas las utilizan como capucha para esquivar un poco los rayos solares.

Las mujeres sentadas sobre la blancura de las piedras, con cuchara de albañil en mano, un balde en donde echan la piedra preciosa, sacos blancos, y un turbante en la cabeza estilo musulmana para capear el sol del mediodía.

Más de diez minas de pómez se encuentran distribuidas en el sector noreste de Masaya, principalmente en Las Flores, donde la falta de trabajo obliga a los comarcales echar la mirada a las minas y escarbar con la única finalidad: llevar el pan de cada día y seguir sobreviviendo.

LA CUCHARA EN LA BOCA Y EN LA MANO LA PÓMEZ

Marvin Alvarado tiene dos meses de trabajar en la mina Buena Vista, sigue luchando por sobrevivir y lo hace escarbando la piedra pómez bajo el inclemente sol del mediodía, que al reflejarse en la superficie “funde la vista de cualquiera”. “Comemos con la cuchara en la boca y en la mano la pómez”, dice Alvarado.

“Ganamos poco, nos pagan solamente ocho córdobas por el saco lleno de pómez, el dueño de la mina, el señor Alejandro Algaba, alega que el que gana es el intermediario, que viene a ser el contratista, no conocemos quién es ni cuánto obtiene de ganancia a base de nuestro duro trabajo”, apuntó triste y desilusionado por la poca paga que reciben.

Además de la poca paga corren el riesgo de accidentes. Los escarbadores señalan que cuando deciden trabajar en las minas el dueño les dice que se exponen a accidentes, ya que por la poca paga que recibe de los intermediarios no puede proporcionarles ningún seguro de vida.

Y es que los escarbadores están expuestos a los derrumbes de los paredones de pómez, porque éste es un material flojo y con mucha facilidad se derrumba.

MIEDO A LOS DERRUMBES Y A LAS SERPIENTES

José Abraham Martínez, de 14 años, tiene dos meses de escarbar la pómez, y relata que en una ocasión un señor fue sepultado por un derrumbe, inmediatamente corrieron a socorrerlo y limpiarle la cara.

“Gracias a Dios cerca de él habían dos sacos llenos y eso ayudó a que no muriera aplastado y asfixiado, ni se le quebrara la columna”, cuenta el adolescente agregando que también se dan picaduras de serpientes, porque por las noches las corales se internan en los montones de pómez y pican a las personas.

“Tengo miedo que me ocurra lo mismo, porque soy muy joven, pero la necesidad me empuja a seguir escarbando la pómez”, dijo angustiado.

NIÑO MINERO

No son niños y adolescentes cualquiera, porque sacrifican su infancia trabajando por llevar el pan de cada día a sus casas y lo hacen a través del trabajo arduo y de muchos riesgos. Bajo el sol calcinante que fríe sus jóvenes cuerpos, con piocha y pala en mano se convierten en mineros de pómez.

Ramón Vladimir Rocha González, de 12 años, habitante de Las Flores, realiza este trabajo desde hace dos meses, cuenta que el saco se lo pagan a ocho córdobas igual que a los adultos y logra obtener tres sacos de pómez en una jornada de cinco horas diarias.

“Trabajo desde las seis a las 10 de la mañana, de lunes a sábado, en esas horas reúno tres sacos y obtengo 24 córdobas que van destinados al sustento de mi familia. Trabajo sólo ese tiempo en la mina, porque después me dedico a estudiar el sexto grado, asistiendo al colegio de la comarca”, relató el niño minero.

Es un milagro que Rocha se encuentre físicamente bien, porque según cuenta, cuando sale del trabajo se va directamente a su casa a darse un baño para luego ir a la escuela, eso lo hace después de estar cinco horas expuesto al sol.

El día que LA PRENSA visitó la mina, Ramón decidió no ir a clases para ganar un poco más de reales, porque quería sacar unos seis sacos en todo el día, ya que con su trabajo ayuda a su madre y paga sus estudios.

TEXTILERAS Y ARTESANOS PRINCIPALES COMPRADORES

Los escarbadores de piedra pómez dicen que este material es comprado por intermediarios de textileras, para desteñir ropas, específicamente los vaqueros.

También algunos artesanos la utilizan en la elaboración de adornos artesanales como: estrellas, lunas, casitas, entre otros.

Al parecer y según los escarbadores, la pómez es comprada por la empresa Nicasol, S.A. Este material, por ser de tipo volcánico se encuentra en casi todas las comarcas del sur de Masaya y es solicitado por las empresas coreanas.   

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