El frío, el duro clima y el terreno difícil de Corea fueron un desafío adicional para las operaciones de las tropas estadounidenses. LA PRENSA/INTERNET

La Guerra de Corea, un costoso malentendido

El conflicto coreano supuso un importante desafío a los Estados Unidos en un mundo dividido en dos campos enemigos. Paradójicamente, un análisis político con premisas equivocadas condujo a esta encarnizada contienda, donde de forma directa o indirecta, se enfrentaron las potencias rivales de la Guerra Fría Alberto L. Alemá[email protected] PRIMERA DE DOS PARTES La Guerra […]

  • El conflicto coreano supuso un importante desafío a los Estados Unidos en un mundo dividido en dos campos enemigos. Paradójicamente, un análisis político con premisas equivocadas condujo a esta encarnizada contienda, donde de forma directa o indirecta, se enfrentaron las potencias rivales de la Guerra Fría

Alberto L. Alemá[email protected]

PRIMERA DE DOS PARTES

La Guerra de Corea, uno de los más temibles conflictos de baja intensidad de la Guerra Fría, y que significó la muerte de millones de personas, fue el producto de un doble malentendido.

Los comunistas jamás pensaron que Estados Unidos daría una contundente respuesta militar a su agresión. Tenían sus razones. Juzgaron que tras haber permitido la victoria del líder Mao Tse-tung en China, y tomando en cuenta la escasa importancia geopolítica que a principios de 1950 EE.UU. públicamente le atribuyó a la península coreana, la cosa no pasaría de una protesta diplomática.

Washington creyó que la invasión armada del Sur por las fuerzas comunistas del Norte no podía ser si no un complot bien orquestado desde Moscú y Pekín, parte de una ofensiva mundial de expansión.

En ambos casos, las presunciones no se correspondían con la realidad, asegura el historiador británico J.A. S. Grenville en su obra “A History of the World in the 20th Century”, publicado a mediados de los años 90.

“Así, la Guerra de Corea resultó de un doble malentendido: los comunistas, analizando la región (del noreste asiático) en términos de los intereses estadounidenses, no consideraron factible que EE.UU. resistiese en una península cuando había concedido la mayor parte continental de Asia a los comunistas”, afirma el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, en su libro “Diplomacy”.

“Mientras, EE.UU., percibiendo el asunto en términos de principios, estaba menos preocupado con la importancia geopolítica de Corea —la cual había sido descartada por los líderes estadounidenses— que con el simbolismo de permitir que la agresión comunista no encontrara resistencia”, añade Kissinger en el capítulo de su libro “El dilema de la contención: la Guerra de Corea”.

En enero de 1950, el secretario de Estado norteamericano, Dean Acheson, delinéo la el perímetro de defensa estratégica de EE.UU. en el Pacífico. Iba ésta en una cadena desde las Filipinas, a través de las islas japonesas y las Islas Aleutianas, hasta Alaska. Tanto Taiwan como Surcorea quedaron excluidas, lo que no debió pasar inadvertido a los oídos de Moscú, aunque Taiwan recibió garantías de que una invasión comunista desde el continente no sería tolerada.

LA IDEA FUE DE KIM

De acuerdo con las memorias del ex secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (URSS) Nikita Jrushchov, la idea de lanzar la invasión y reunificar por la fuerza la península, provino de Kim Il Sung, el máximo líder comunista y futuro dictador norcoreano, señalan tanto Grenville como Kissinger.

Kim logró a convencer a un cauteloso Stalin, un frío y calculador estadista que enfrentaba el desafío de Occidente en un teatro principal, Europa, y que dada la inferioridad militar estratégica de la URSS (hasta 1949 EE.UU. tuvo el monopolio de la bomba atómica, y los rusos no poseían una significativa aviación estratégica), no podía distraer su atención por cosas de menor importancia en un punto tan lejano.

Solamente tras persuadir a Stalin de que la invasión no representaba un peligro de una guerra generalizada con EE.UU. y de que sería fácil, el dictador soviético dio su visto bueno.

Durante la guerra, el Norte recibió apoyo material y logístico de la URSS. Incluso, fue en los cielos de Corea donde se estrenó el temible caza MiG 15, maravilla de la ingeniería aeronáutica del momento, que sorprendió a los norteamericanos. Los MiG 15 eran pilotados en su mayoría por pilotos soviéticos, aunque la URSS no estaba dispuesta a admitirlo oficialmente.

El 25 de junio de 1950, el Norte invade el territorio al sur del paralelo 38. Esta línea era la franja divisoria de las zonas de ocupación soviética y norteamericana al final de la Segunda Guerra Mundial, concluida con la rendición de Japón en 1945 . Corea había estado desde principios del siglo XX bajo ocupación japonesa.

El presidente de EE.UU. Harry Truman y sus asesores tenían razones suficientes para desconfiar. Varios movimientos fundamentales habían convencido a Occidente de que la URSS pretendía agresivamente conseguir un dominio estratégico: la imposición de regímenes prosoviéticos en Europa del Este después de 1945, el golpe de estado en Checoslovaquia en 1948, el bloqueo soviético de Berlín Occidental y la victoria definitiva de Mao en la guerra civil china en octubre de 1949, obligando al nacionalista Chiang Kai-shek a huir con sus tropas a Formosa, hoy Taiwan.

A los ojos de Occidente, el comunismo estaba en una ofensiva de expansión mundial.

Por otro lado, estaba viva la memoria de lo sucedido en Munich en 1938 y el fracasado “appeasement”, o apaciguamiento. Francia e Inglaterra consintieron en que la Alemania de Hitler se anexara una parte de Checoslovaquia a cambio de sus promesas de paz. Fue en vano. Hitler no paró su política de conquista, anexó meses después toda Checoslovaquia, y el 1 de septiembre de 1939 atacó Polonia. Así comenzó la segunda gran guerra del siglo XX.

Para Truman y sus hombres, las cosas estaba claras. La historia parecía enseñar que acceder a los deseos de los dictadores no lleva a nada bueno. A lo que consideraban una política de agresión comunista, había que dar una firme respuesta. Y así fue.

LA PIFIA SOVIÉTICA

EE.UU. convocó de inmediato , el mismo 25 de junio de 1950, a una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU. Gracias a un garrafal error soviético, Washington obtiene la autorización de organizar una fuerza militar para repeler la agresión de Norcorea bajo la égida de las Naciones Unidas. Gran Bretaña, Australia y otros países acudieron en su ayuda.

Vale, quizá, contar la pifia de la diplomacia soviética y el importante precedente que el caso sentó. Durante meses, el embajador soviético había boicoteado las sesiones del CS en protesta por la negativa del organismo a conceder la silla de representante de China al delegado de la comunista República Popular China (RPC), mantenida por el gobierno nacionalista de Taipei. China y la URSS eran miembros permanentes del CS, y como tales poseían derecho a veto en las decisiones del órgano.

Sin recibir instrucciones nuevas y temiendo la ira de Stalin —que habría significado el fin de su carrera y hasta el envío a un campo de concentración—, el embajador de la URSS estuvo ausente en la crucial votación. Si bien no votó a favor, tampoco lo hizo en contra.

La Carta de la ONU deja claro que para cuestiones de este tipo, es necesario el voto afirmativo de los 5 miembros permanentes (Reino Unido, Francia y EE.UU. son los tres restantes miembros permanentes). Un voto negativo soviético habría impedido que EE.UU. organizase una acción militar en nombre de la ONU. Jamás volvería a estar ausente un embajador soviético en situaciones similares.

SUERTE CAMBIANTE

Las primeras semanas de la guerra pusieron al borde de la derrota total al Ejército surcoreano, pobremente armado (EE.UU. rehusó darle armamento pesado antes de dejar el país en 1948 por temor a que su gobierno hiciese lo mismo que ahora hacía el Norte).

Solamente la intervención de las tropas norteamericanas, comandadas por el héroe de la guerra en el Pacífico contra los japoneses, el general Douglas MacArthur, evitaron el desastre.

Con la península casi bajo total control comunista, MacArthur lanza un intrépido desembarco en Inchon, al oeste, y golpea la retaguardia de las tropas comunistas, cortando sus líneas de suministro. Tomadas por sorpresa, las fuerzas comunistas colapsan y dejan libre el camino hacia el Norte. La tortilla se ha volteado.

En persecución de las fuerzas enemigas, los estadounidenses cruzan el paralelo 38. Esta polémica acción impulsó al líder comunista chino Mao a entrar a la guerra, coinciden muchos historiadores. Mao manda a un millón de “voluntarios” a combatir a los “imperialistas”.

El ataque chino fue una sorpresa para EE.UU. y provocó una retirada difícil para sus hombres, que tuvieron que dejar Seúl (capital surcoerana) y perder territorio al sur del paralelo 38. La tortilla se volvió a voltear, aunque tampoco se produjo un descalabro total.

LAS RAZONES DE MAO

El líder chino actuó impulsado por razones de seguridad, admiten el historiador británico Grenville y Kissinger.

Los antecedentes históricos y políticos también pesaban. Acababa de ganar una guerra contra un aliado de EE.UU., al cual este país había armado y financiado. Y por si fuera poco, seguía protegiendo a Taiwan. Y algo más: la invasión japonesa a la provincia china de Manchuria había venido de territorio coreano.

Para Mao, la aproximación de las tropas estadounidenses a las fronteras de China era el preludio de un intento de revertir su victoria.

“Mao tuvo razones para concluir que si no paraba a EE.UU. en Corea, tendría que combatirlo en territorio chino”, escribe Kissinger en su libro “Diplomacy”. “No se le dio una razón para pensar de otra manera”.

La guerra supuso un desafío para la nueva doctrina estadounidense de la contención, y fue la primera guerra limitada de la Guerra Fría. El general MacArthur fue partidario de usar bombas atómicas contra el enemigo, algo que no ocurrió, y cuestionó abiertamente la política de Washington, lo que forzó a Truman a destituirlo en abril de 1951.

El conflicto se prolongó hasta 1953, cuando se firma un armisticio, se establece una Línea de Demarcación y una Zona Desmilitarizada, ambas aún vigentes. Hoy, la frontera intercoreana es la región con la mayor concentración de efectivos militares del mundo.

Surcorea se convirtió en una próspera economía de mercado, una de las economías más importantes del mundo. Norcorea ha sido un régimen comunista totalitario, con una dictadura familiar que llevó al país a un desastre económico, donde reportes independientes señalan una espantosa hambruna, mientras se mantiene en armas a un millón de hombres.

CRONOLOGÍA BÁSICA

-1945 Tropas soviéticas y estadounidenses ocupan Corea como parte de la guerra con Japón. La línea divisoria es el paralelo 38.

-1948 Tras dejar bien establecido al régimen comunista, los soviéticos se retiran de Norcorea

1949 Las tropas estadounidenses abandonan Surcorea y dejan un gobierno anticomunista, pero mal armado

-1949 En octubre, tas tropas victoriosas comunistas de Mao Tse-tung entran a Pekín y expulsan a los nacionalistas, que huyen a Formosa (Taiwan).

-1950 El 25 de junio, el Norte invade el territorio al sur del paralelo 38. EE.UU logra el envío de sus tropas bajo la bandera de la ONU. En septiembre, el general MacArthur lanza el desembarco de Inchon, corta las líneas de suministro de los comunistas y causa su desbandada. El 7 de octubre, cruzan sus tropas el paralelo 38, y al día siguiente China entra a la guerra. En noviembre, los chinos lanzan un contraataque y hacen retroceder a los estadounidenses.

-1951-1953 Negociaciones para solucionar el conflicto, que en se empantana en el terreno militar.

-1953 Se firma un armisticio.

BAJAS

Es difícil precisar un número exacto de bajas, pero el historiador británico J.A.S. Grenville calcula que en el conflicto (1950-1953) cuatro millones de personas —la mayoría coreanos— civiles y combatientes, habrían perdido la vida. Se estima que entre medio millón y un millón de soldados chinos perecieron. Las bajas estadounidenses oscilan, según diversas fuentes, entre 150,000 y más de 300,000 hombres, entre muertos, heridos, perdidos en acción, prisioneros de guerra y otras víctimas.  

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