- El representante de Kofi Annan para el conflicto colombiano demanda gestos concretos de la guerrilla de izquierda –algunas de cuyas acciones califica de “terroristas”– para entablar un
diálogo serio. A la vez, pide buena voluntad del gobierno y rechaza impunidad para el líder de los paramilitares de derecha
Bibiana MercadoEl tiempo.com
BOGOTÁ.- El asesor de la ONU para Colombia dice que la única salida para las FARC es hacer gestos contundentes de paz, pues “nadie les cree”, y que será difícil absolver en una negociación al líder paramilitar Carlos Castaño.
James Lemoyne guardó silencio en los últimos 14 meses, después del rompimiento del proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Hoy conmina a la guerrilla a que dé muestras reales de paz y califica como atroz el asesinato reciente de un gobernador, un ex ministro y varios soldados.
También reprende a la clase dirigente colombiana, al asegurar que tiene una gran responsabilidad en la situación de violencia, porque le apuesta a la guerra pero no pone a sus hijos en armas y no quiere sacrificar sus privilegios.
La entrevista le valió furibundos comentarios de la ministra de Defensa colombiana, quien dijo que sus palabras eran una “defensa de los intereses de los terroristas”, cargos que Lemoyne rechazó posteriormente.
Para tener claro su mandato, ¿cuáles son los alcances de los buenos oficios de las Naciones Unidas? ¿qué podemos esperar y qué no?
Nuestros oficios están enfocados en buscar, nutrir y reforzar cualquier intento serio de solución negociada al conflicto armado y a la crisis humanitaria, por lo que reconocemos a las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) como actores políticos de este conflicto, con los cuales mantenemos contacto a pesar del rompimiento del proceso de paz. No creemos que haya solución militar al conflicto.
¿Qué aspectos específicos pueden destacarse de la labor de la ONU en la era de Uribe?
Fue un paso constructivo que el gobierno del presidente Alvaro Uribe confirmara la decisión histórica del Estado colombiano de pedir los buenos oficios. El Secretario General (Kofi Annan) ahora tiene casi cuatro años de experiencia profunda que nos permite servir como foco de atención y de preocupación de la comunidad internacional en el caso colombiano.
Pero, el objetivo primordial de acercar a las partes en el conflicto no se ha cumplido…
Ha sido muy difícil en las circunstancias actuales acercar a las FARC en la forma en que nosotros deseamos. Una decisión que tomamos después de la ruptura del anterior proceso, fue trabajar con bajo perfil, por la seriedad del tema. Ahora, yo hablé duro denunciando el asesinato de los diez prisioneros de las FARC en Antioquia, esperando señalarles a las FARC que con esta clase de acciones cierran las posibilidades, además de cometer un abuso atroz.
¿Cree que lo escucharán?
Espero que las FARC y el ELN reflexionen también. El país no confía en nada, especialmente en las FARC. Tienen que darse cuenta de esto. ¿Qué pasó con la parte política de las FARC? ¿fue extinguida en la masacre de la UP? ¿dónde está su gente pensante? ¿dónde están ‘Iván Márquez’, ‘Alfonso Cano’, ‘Raúl Reyes, ‘Pablo Catatumbo’? ¿dónde está la oferta política de las FARC al país? Van a poder pelear por años, ¿pero van a poder ofrecer una alternativa política? Les toca a las FARC demostrar que sí entienden qué significa negociar.
Cuando la confrontación, a juzgar por el lenguaje de las partes, amenaza ser entre “fascistas” y una “caterva de bandidos”, ¿cree que hay reales posibilidades de dialogar?
Sin lugar a dudas. He estado en siete procesos de paz. He estado en uno donde la guerrilla atacó la capital, asesinó a miembros del Gabinete y pusieron cohetes a la casa del Presidente. He estado en otro donde el Ejército y el mismo Gobierno asesinaron a personas importantes de la oposición. Aún en esas circunstancias lograron negociar.
¿Dónde está el punto que no logra quebrar esta polarización?
Lo que vemos es una absoluta desconfianza. El país quedó convencido de una falta de compromiso de las FARC en el proceso del (ex presidente Andrés) Pastrana. Ya no cree mucho en la posibilidad de la paz por esta vía. Este es un enorme costo. Todos perdimos diez millones de votos por la paz (lo que obtuvo el Mandato por la Paz, en 1997). Las FARC también concluyeron que el proceso anterior no fue muy beneficioso para ellas: las Fuerzas Armadas se reforzaron, el Plan Colombia se dio, las fumigaciones se incrementaron, en el plano internacional perdieron, etc.
Lo trágico, y lo irónico, es que el Gobierno y muchos colombianos también sienten que perdieron: que la zona les sirvió a las FARC para fortalecerse, para crecer, para secuestrar, etc. Los dos lados salieron diciendo que esto fue un error. Por eso, tanta desconfianza, la que ahora es muy difícil de vencer y llevar a las partes a tomar el primer paso. Lo que se requiere ahora es decisión, voluntad y coherencia. Las partes tienen que reflexionar sobre lo que está en juego: el futuro de este país y las vidas de decenas de miles de personas. Esta guerra va a ser larga y cruenta. Mucha gente va a morir y centenares de miles podrían perder sus comunidades. Esto requiere reflexión y pasos para negociaciones serias.
Entonces, ¿qué hacer?
Por ejemplo, si seriamente las FARC quieren sentarse con el Gobierno para concretar un acuerdo humanitario, la mejor forma de hacerlo no es mandando cartas públicas, no es poniendo tensiones pequeñas y politiqueras sobre si aceptan o no la comisión facilitadora, no es poniendo formalismos al Gobierno. Si son serios, deben aceptar un contacto discreto, que es lo normal, para explorar las condiciones de un encuentro directo. Por parte del Gobierno, tiene que decidir qué quiere hacer. Si no quiere sentarse con las FARC, pues que lo digan.
El Gobierno afirma que las FARC están asentadas en las zonas ricas del país, que son organizaciones terroristas.
Las FARC son una organización que hace acciones terroristas, mata inocentes, desplaza, trafica, secuestra masivamente, controla recursos económicos naturales e ilícitos, pero la columna vertebral de las FARC es entre mil y mil quinientos hombres y mujeres con una profunda formación política, que tienen entre 15 y 30 años de lucha. Los comandantes de frentes, de bloque, de estado mayor, del secretariado, son un mando político-militar serio.
Un campamento de un comandante es un trozo de bambú y un montón de mosquitos. Sus pertenencias son una mochila y el fusil.
Los soldados campesinos, y las redes de cooperantes, dos de las estrategias más controvertidas de la política de Seguridad Democrática de Uribe, ¿involucran en mayor medida a la población civil en el conflicto, o no lo ve así?
Nuestra oficina de Derechos Humanos se ha expresado claramente sobre ese tema. Si el Gobierno aplica su política de Seguridad Democrática tiene que hacerlo en estricto cumplimiento de los convenios y acuerdos que hacen distinción entre población civil y combatientes.
Al comentar el proceso con los ‘paras’, el ministro del Interior decía que no podía haberlo sin algún grado de impunidad, como en todo proceso de paz…
No estoy de acuerdo. Hay una gran diferencia entre “impunidad” y reconocimiento de crímenes y medidas negociadas. Impunidad significa: hacer nada y hacer nada ante los groseros crímenes de los paramilitares. Espero que el ministro no quería decir esto. En mis conversaciones con el Gobierno siento que son muy conscientes de la importancia de este tema y no están usando la palabra “impunidad”.
¿En el terreno internacional?
La comunidad internacional reaccionaría a la impunidad y creo que el Gobierno lo sabe. Es terrible que (quede impune) el jefe paramilitar Carlos Castaño, que ha masacrado a centenares de colombianos inocentes.
A su juicio, ¿podría haber perdón para Carlos Castaño?
Lo dudo mucho.
¿Qué responsabilidad le halla a la clase política y económica en la situación de violencia actual?
Grande. Es un reto para la clase política y económica, de real influencia en el país, tener una mucha mayor conciencia social y una responsabilidad por la suerte de la sociedad. Todas las sociedades que han logrado estabilidad, democracia y desarrollo llegaron en un momento dado a que sus élites comenzaran a preocuparse por los que tenían menos. Muchas reformas sociales en Europa fueron hechas por gente pensante y con conciencia social de la clase alta. Y también por sindicatos y organizaciones sociales que lucharon con éxito para las reformas.
¿No ve aquí esa conciencia social?
En Colombia, hay mucha gente capaz y comprometida con el país, pero en general hay una real falta de conciencia de la gravedad de la injusticia social, la concentración de la riqueza y una ausencia de conciencia con los que tienen menos, que es la inmensa mayoría de colombianos. Yo diría que si la clase política, social y económica de este país no entiende que por lo que está pasando es por una profunda crisis social y por una profunda expresión de polarización, que nutre la lucha armada, esto se empeora. Se requiere cambio de mentalidad y reformas profundas.