Fabio Vásquez Ló[email protected]
Bien merece la pena por San Isidro Labrador que recordemos a la sociedad, que existe un mundo rural sumido en una enorme incertidumbre y que a la fecha no se sabe cómo va a quedar a corto, mediano y largo plazo, el futuro de la gente del campo. Es por la incertidumbre política que está quitando el sueño a nuestros productores y profesionales del campo y de la ganadería.
Pero con ocasión de nuestro Santo patrón, bien merece la pena que hagamos un esfuerzo de autoestima y tengamos en cuenta que merece la pena vivir una profesión como la de ser agricultor y ganadero, aunque nos llamen ilusos por tener una ilusión.
La libertad cada mañana para organizar el trabajo, el contacto directo con la naturaleza, la calidad medioambiental que supone habitar en los pueblos, serían algunos de los aspectos que compensarían los inconvenientes, algunos de ellos muy graves, de la profesión agraria y de la calidad de los servicios y comunicaciones con que se cuenta en los pueblos.
Todo el entorno rural y agrario está tradicionalmente envuelto en un permanente pesimismo, difícilmente llueve a gusto de todos y también rara vez cerramos el año con saldos rojos. Este sentido pesimista está instalado en la cultura rural y jaleado permanentemente, desde dentro y fuera. Por ejemplo, este año la producción de granos básicos y de ganado puede ser histórica, han dicho que lloverá mucho y bien.
Muchos ya están sacando una consecuencia negativa: precios bajos por la sobreoferta, tratados de libre comercio, etc. Lo lógico sería argumentar que como lloverá bien, la producción será de mayor calidad y se tiene que pagar más.
Al hilo de la influencia de los mensajes negativos terminamos con un cuento: “Una colonia de sapos celebraban una fiesta y propusieron organizar una carrera a lo más alto de la torre. Los participantes arrancaron muy animosos y recibían el apoyo del público. Al poco rato en algunos asomó la fatiga y comenzaron a abandonar. El público dejó de animar y lanzaba mensajes negativos… “nadie conseguirá subir a la torre… no podrán conseguirlo”… Los sapos iban abandonando, parecía enormemente difícil subir a la torre y el público en su algarabía insistía en ello. Pero finalmente, ante la sorpresa de todos, uno consiguió llegar a lo más alto y ganar.
Muchos se interesaron por conocer cómo lo había conseguido. Al acercarse para hablar con él, comprobaron de inmediato que era sordo.
Había ganado porque fue el único que no escuchó los mensajes negativos y pesimistas del público”.
La enseñanza que derivamos a nuestro medio rural es obvia.
¡¡Feliz San Isidro Labrador!! Y los mejores deseos a todo el sector agrario, que a buen seguro va a salir adelante.
El autor es Ingeniero Agrónomo.