Juan Ruiz SierraESPECIAL PARA LA [email protected]
Ibrahim Musa Abayat era considerado uno de los “terroristas más peligrosos” dentro de la Basílica de la Natividad
Si Ibrahim Musa Abayat y otros como él no hubieran estado dentro de la basílica, el asedio, es probable, habría durado menos. Todo habría sido más fácil. Pero el Ejército israelí había entrado en Belén para capturar a varios de los que se habían encerrado en la Basílica de la Natividad, y que luego serían conocidos como “Los trece de Belén”. Y entre éstos, especialmente, a Ibrahim, a quién consideraba “uno de los terroristas más peligrosos”. El más buscado entre los buscados.
Según Ibrahim, ninguno de los encerrados les pidió que se entregaran, para así terminar con el sitio. Ni siquiera los pocos adolescentes que también se encontraban dentro. “Somos héroes para nuestro pueblo”, asegura. “Los jóvenes nos decían: ‘Mientras vosotros aguantéis, nosotros también lo haremos”.
Pero tras más de tres semanas de asedio, nueve adolescentes palestinos salieron de la basílica. Cargaban dos cadáveres en avanzado estado de descomposición. Alí, de 15 años, un sobrino de Ibrahim, era uno de esos jóvenes. Sacó el ataúd, agachándose para pasar por la puerta principal del templo, llamada de la Humillación, de 130 centímetros de altura. Tiró el cuerpo al suelo, mostró la caja vacía para que comprobasen que no había explosivos escondidos y sacudió varias veces la manta que envolvía al muerto. Después, se escuchó la orden del soldado: “Quítate la ropa, levanta las manos y camina poco a poco”.