- Se despidió de su mamá hace un año y ayer confirmaron su muerte por un examen de ADN que
hizo aquí el FBI
Elízabeth Romero [email protected]
Las lágrimas ruedan por las arrugadas mejillas de Ana Lorente Mena, de 73 años, porque recién le confirmaron la noticia de que su hija Mercedes Gertrudis Guido Lorente, de 42 años, estaba entre 11 personas indocumentadas que fueron halladas muertas en octubre pasado en un vagón de ferrocarril en Estados Unidos.
Lo que más atormenta a la anciana, es cómo hará para repatriar los restos de su hija, a lo que se suma la falta de dinero para darle sepultura.
“No voy a soportar”, repite la anciana. Su único anhelo en estos momentos es que las autoridades le ayuden a traer el cuerpo de su hija.
“Traerla y enterrarla aquí por lo menos”, comenta doña Ana en voz baja. Su hija menor, Elsa Guido Lorente, de 38 años, dice que no saben qué hacer porque una de sus sobrinas ya fue a la Cancillería nicaragüense y le dijeron que no les pueden ayudar, debido a que la repatriación es cara.
EL ADIÓS
El 28 de mayo del año pasado vio a su hija por última vez, cuando se despidió. “Me dijo que iba a Guatemala”, recuerda la anciana. También le prometió que “en cuanto nomás llegue y ya esté trabajando, le mando a avisar y le mando sus centavitos”.
Supuso que su hija viajaba sólo a Guatemala, pero aún así le pidió que se quedara. “¿Qué vas a hacer, hija? ¿Por qué no te quedás? Yo estoy enferma, no me vas a ver morir”, le dijo Ana a su hija Mercedes, su penúltima hija, que poco después falleció dentro de un vagón que transportaba indocumentados hacia Estados Unidos.
“Yo la noté rara, me quedaba viendo, después me dijo: Mamá, yo voy a trabajar, no se aflija”, rememoró ayer la anciana. “No andés rodando, no tenés necesidad”, insistió la madre, y Mercedes le replicó: “No mamá, yo quiero salir adelante”.
Desde que Mercedes se separó de su esposo, años antes de emigrar, no había encontrado empleo, y, según sus familiares, ese fue el motivo que la impulsó a irse indocumentada a Estados Unidos.
LA ÚLTIMA LLAMADA
Un día antes de cruzar la frontera de México hacia Estados Unidos Mercedes Guido se comunicó por teléfono con una de sus hijas. Meses después, sus familiares en Nicaragua escucharon la noticia de la muerte de los indocumentados, y sospecharon que Mercedes estaba muerta, porque nunca tuvieron noticias de la llegada a su destino.
Como hicieron consultas al Consulado de Nicaragua en San Francisco, a través de la Cancillería, el tres de diciembre del año pasado vinieron a Nicaragua agentes de la policía federal (FBI), para realizar la prueba del ADN a Rosa Elena Vanegas Guido y Pedro José Medrano Guido, hijos de Mercedes Guido Lorente. Los resultados fueron positivos.
“Esta información fue proporcionada ayer por nuestra cónsul en San Francisco, Mayra Centeno, quien indicó que recibió comunicación del FBI sobre el reporte del análisis de ADN. El cuerpo de la señora Guido Lorente se encuentra en la morgue de Denison, Iowa”, indica una nota divulgada ayer por la Cancillería nicaragüense.
El Consulado gestiona que el cuerpo pueda ser repatriado por sus familiares.
SE PERDIÓ EL “COYOTE”
Elsa Guido Lorente recordó que una de sus sobrinas todavía logró contactarse con el “coyote” que ayudaría a Ana a cruzar la frontera estadounidense, y hasta le entregó 450 dólares. Luego el “coyote” desapareció.
“Le pedimos al gobierno que nos ayude para sepultarla en Nicaragua”, insistió Elsa.
Las víctimas provenían de México, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, según informó el Departamento de Salud Pública de Iowa.
Trabajadores que limpiaban vagones de tren en un elevador de granos en Denison, a unos 80 kilómetros al sureste de Sioux City, encontraron los cadáveres el 14 de octubre.
El vagón había salido de la ciudad fronteriza mexicana de Matamoros en el mes de junio anterior, estuvo guardado varios meses en Oklahoma y luego fue remolcado a Iowa.
HALLARON ESQUELETOS
Los cuerpos fueron encontrados en Iowa, Estados Unidos, dentro de un vagón de ferrocarril, el 14 de octubre del 2002. “En su mayoría teníamos esqueletos, sin saber quiénes eran”, dijo una forense estadounidense. Cuatro mujeres y siete hombres fueron encerrados dentro del vagón por un “coyote”, y fallecieron por asfixia o por exceso de calor.