Negocio de droga agita comunidades miskitas

Los últimos enfrentamientos entre la Policía y los miskitos de la comunidad de Wasla, en la Región Autónoma Atlántico Norte –a raíz de la caída de una narcoavioneta–, para impedir “se les arrebate” 20 kilos de cocaína, es un reflejo de la violencia que la droga está causando en este sector del caribe nicaragüense, donde […]

  • Los últimos enfrentamientos entre la Policía y los miskitos de la comunidad de Wasla, en la Región Autónoma Atlántico Norte –a raíz de la caída de una narcoavioneta–, para impedir “se les arrebate” 20 kilos de cocaína, es un reflejo de la violencia que la droga está causando en este sector del caribe nicaragüense, donde la comunidad miskita considera que todo lo que cae ahí “es una bendición de Dios”

Walter Treminio UrbinaCORRESPONSAL/[email protected]

La población miskita de algunas comunidades aledañas a Bilwi y Waspán, en la Región Autónoma Atlántico Norte, considera que la droga que llega a esos pueblos, ya sea por aire o por mar, es “una bendición de Dios”. Esta idea provoca que los indígenas sientan que la droga es de ellos, y que nadie puede quitársela.

El desarrollo social y económico en las comunidades indígenas pertenecientes al Atlántico Norte, marginadas por la políticas del Estado nicaragüense, está llegando gracias al fenómeno de la droga, que se evidencia en cambios bruscos en la infraestructura así como en la mente y vida de más de 70 mil personas de esa lejana zona.

El extenso Mar Caribe nicaragüense es la ruta principal del narcotráfico internacional, donde navegan cargados de droga y dólares, desde el sur de Colombia hacia Honduras, Guatemala y México. Los narcos, al ser perseguidos por agentes antinarcóticos –DEA– de Estados Unidos, lanzan los paquetes de droga, al mar.

El oleaje del Mar Caribe arrastra los paquetes de polvo blanco hasta las playas que bordean las comunidades indígenas, cuyos pobladores buscan desesperados aunque sea un kilo de coca para comercializarlo y sobrevivir.

EL NEGOCIO DE LA COCA

Aunque parezca sorprendente, pero el “bisne” de la coca es el motivo que ha hecho cambiar costumbres de los miskitos y su nivel de vida. Viejas viviendas han sido reemplazadas por grandes mansiones, construidas de concreto. El desarrollo, por lo menos, es evidente en las comunidades Lidaukura, Ninayaris, Pahara y la misma ciudad de Bilwi, donde, en los últimos años, ha incrementado el tráfico y consumo de droga.

Los líderes de las comunidades justifican los cambios en la infraestructura urbana “en el trabajo tesonero a que se dedican miles de pescadores” de esa zona del país.

“Nuestro trabajo es la pesca, aquí nadie vende droga, los líderes de las comunidades trabajamos coordinadamente con las autoridades policiales y si hay droga, la entregamos”, expresó Jorge Webster, whita (juez) de la comunidad de Ninayaris.

Mientras, el comisionado Gregorio Aburto, jefe de la Policía Nacional en la RAAS, tiene otro criterio, “las comunidades indígenas no tienen trabajo, la población pesquera no gana lo suficiente como para botar una casa de madera y convertirla en una mansión de puro concreto; nosotros estamos claros a qué obedece el cambio, sin embargo, necesitamos tener las pruebas en las manos”, apuntó.

QUEMA DE DROGA ESPERA ORDEN DE JUEZ

Un poco más de 100 kilos de cocaína tiene en su poder la Policía Nacional, esperando que la Juez de Distrito Penal de Puerto Cabezas, licenciada Sara María Espinoza, autorice la quema de la droga.

“Es un requisito legal, la autorización de la quema de la droga que le hemos recuperado a los narcotraficantes”, indicó el capitán Celestino Aguirre, jefe del Departamento de Investigaciones Criminales en este departamento del Caribe nicaragüense.

La última quema que se efectuó en Puerto Cabezas, fue a inicios de diciembre del pasado año.

En varias ocasiones, LA PRENSA ha buscado la versión de la juez Sara María Espinoza, sin embargo, por sus múltiples ocupaciones no ha accedido a la entrevista.

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