Roberto Amador
Según informaciones difundidas en Miami, el que vendió los helicópteros soviéticos al Perú y armamento antiaéreo al Ecuador, propone al Gobierno norteamericano canjear los SAM-7 por medios aéreos.
Cuando la primera derrota electoral sandinista, el pánico cundió en esas filas. La FAS (Fuerza Aérea Sandinista) no fue la excepción, vendieron todo lo que tenían y que pertenecía al Estado y pueblo nicaragüense, endeudado con Rusia en miles de millones de dólares por armamento que fue a parar a otros países.
Se conoció el negocio y se dieron cifras que nadie creyó. De ser la Fuerza Aérea más poderosa de Centroamérica la FAS pasó a ser un aeroclub. Algo similar aconteció con los 32 aviones P-51, AT-6 de entrenamiento, C-45 de transporte liviano, y aparatos de combate como P-47 P-38. Hasta el A-20, una reliquia que ahora vale muchos miles por los coleccionistas, desapareció del Parque Las Piedrecitas.
Nicaragua volvió a quedar sin Fuerza Aérea. Quizás no se necesiten aviones de combate que sólo han servido para atacar a los mismo nicaragüenses, jamás en una guerra como la de El Salvador y Honduras, aparte del simulacro de Combate Aéreo en Mokorón (en 1957).
Si el país necesita helicópteros y medios de vigilancia costera y de transporte para casos de desgracias naturales, no para reprimir, se podrían adquirir si el general que desarmó a la FAS regresara la ganancia.
Miami, Florida