- Medio siglo después, los rusos siguen discutiendo si el sanguinario y despiadado dictador soviético murió por causas naturales (de un derrame) o fue víctima de un complot
Miguel BasEFE
MOSCÚ.- Medio siglo después del fallecimiento de Iósif Stalin, los rusos siguen discutiendo si fue por causas naturales y qué día se produjo la muerte de quien fuera un tirano y un dios, uno de cuyos milagros fue convertir un país en ruinas en una superpotencia.
De acuerdo con la versión oficial, el georgiano Iósif Vissarionovich Dzhugashvili que el mundo entero conoce como “José” Stalin falleció el 5 de marzo de 1953 a causa de un derrame cerebral causado por la hipertensión.
El resultado de la autopsia fue publicado en todos los periódicos de la URSS y de gran parte del mundo, pero quizás los únicos en desconfiar de la versión oficial fueron los propios soviéticos, a quienes la prensa estalinista había enseñado a no creer lo escrito y buscar la verdad entre líneas.
Primero, los rumores atribuyeron la muerte de Stalin a un malintencionado tratamiento médico, pero luego corrió la voz de que el “Gran Caudillo de todos los tiempos y pueblos” fue envenenado, sobre todo cuando lo dijo su hijo Vasili.
Cincuenta años después, cuando todos los posibles culpables y gran parte de los testigos también están muertos, la polémica continúa.
Todos coinciden en que la única persona que pudo asesinar a Stalin fue el jefe de los servicios secretos, Lavrenti Beria, quien podía estar interesado en adelantar su muerte y acelerar el reparto de poder.
Diversas fuentes y documentos indican que Stalin estaba preparando la defenestración, y por consiguiente eliminación, de Beria, el verdugo de millones de soviéticos caídos en las purgas que se sucedieron desde 1937 prácticamente hasta 1953.
El historiador Yevgueni Zhirnov desveló la historia del último atentado contra Stalin, a principios de 1953, cuando un desconocido penetró en el recinto de la finca donde vivía el dictador en las afueras de Moscú y ametralló las ventanas de la casa.
Aún más sorprendente que el hecho mismo de que alguien pudiese burlar las numerosas defensas y acercarse al dictador es que el atacante, conocido como “el deportista”, lograra huir y jamás fuese hallado.
Por supuesto no hubo víctimas, pero el anciano líder de una quinta parte del planeta sufrió un fuerte susto.
Uno de los máximos dirigentes de la época, Anastas Mikoyán, relató a su hijo Stepán que, durante las últimas semanas de vida de Stalin, Beria trataba de convencerle de los milagrosos efectos curativos de la sauna. Entre esos efectos “beneficiosos” está la subida de tensión.
Además, según relató el general Pável Sudoplátov, jefe de operaciones especiales de los servicios secretos soviéticos de entonces, Beria tenía a su servicio al coronel Múromtsev, quien encabezaba el Cuarto Departamento Especial, encargado del diseño de “sustancias especiales”.
Entre ellas, había bacterias modificadas o cultivadas artificialmente capaces de afectar a órganos humanos y que fueron probadas en prisioneros del Gulac (campos de concentración) estalinista.
Científicos que conocieron al “doctor muerte” soviético y sus trabajos no dudaron de que Múromtsev pudo crear un medio para destruir los vasos sanguíneos cerebrales, afirma Zhirnov.
No menos sorprendente fue la revelación, hecha estos días por Guennadi Kolómentsev, ex cocinero de los líderes soviéticos desde Stalin hasta Gorbachov, de que “Stalin falleció la noche del 1 al 2 de marzo”, cuando se produjo el derrame.
Confirma esta versión la “errata” del ex líder soviético Nikita Jruschov, quien escribió en su memorias: “nada más morir Stalin, yo le propuse a Gueorgui Malenkov (entonces el heredero más probable) pensar en lo que debíamos hacer”.
Parece más que probable que los allegados a Stalin necesitaran tiempo para acordar el reparto de poder.
Sin embargo, de acuerdo con la versión oficial, ocurrió todo lo contrario: mientras que la reunión conjunta del Comité Central del PCUS, del Gobierno y la Presidencia del Parlamento que decidió la sucesión terminó a las 20.40 del 5 de marzo, el fallecimiento oficial se produjo a las 21.50.
Hasta el día de hoy, sorprenden las imágenes de los funerales del generalísimo soviético, el dolor en los rostros azorados de miles y miles de personas que salieron a las calles de Moscú para despedirse de su ídolo. Centenares de ellos morirían aplastados por la aturdida multitud.
En medio de aquel desbordado duelo por el tirano, pasó inadvertida la desaparición de un genio: el compositor Serguéi Prokófiev.