La libertad, las leyes y el oportunismo

Danilo Martínez [email protected] Con gran aspaviento he venido observando, cavilosamente, el acontecer político y económico, y en serena alusión a los principios de la escuela francesa, corroboro los descriptivos enunciados de la administración de la cosa pública, Sucumbimos en una sociedad que “avanza”, y sin darnos cuenta cualquier restricción de la libertad disminuye el número […]

Danilo Martínez [email protected]

Con gran aspaviento he venido observando, cavilosamente, el acontecer político y económico, y en serena alusión a los principios de la escuela francesa, corroboro los descriptivos enunciados de la administración de la cosa pública, Sucumbimos en una sociedad que “avanza”, y sin darnos cuenta cualquier restricción de la libertad disminuye el número de posibilidades que se intentan lograr, con lo que se reduce el índice de progreso. Y más aún, en estos refutables días, donde la antinomia de la política nacional juega con la libertad de los individuos y los principios básicos de la democracia.

Delibero en materia de Derecho, en clara reticencia a los despojos que quedan de libertad para los nicaragüenses. Desde el punto de vista económico, la libertad es el principio básico del derecho económico, y de acá a la generación de oportunidades y espacios en la aplicación eficaz de los recursos. Pero, en nuestro mundo, nos inventamos cada cosa con el pretexto de garantizar el cumplimiento de la Ley y, cobijados cínicamente bajo el manto del discurso de la gobernabilidad y oportunidad para todos, complicamos el asunto y al final sólo insuflamos el sistema de vicios convirtiéndolo en un vericueto con pocas salidas.

En principio quisiera rememorar los ideales de la república romana: Ningún privilegio o status será establecido a favor de personas privadas, en detrimento de otras, contrario a la Ley común de todos los ciudadanos, que todos los individuos, sin distinción de rango, tienen derecho a invocar. Este principio que fortalece el paradigma existente entre el derecho público y privado, más que orientarnos, parece que a nuestros legisladores y magistrados los embrolla y los arrastra como soberanos tiranos hacia un nuevo concepto de su participación en la administración de la cosa pública, en la cual preponderan los intereses personales y partidarios, antes que el bien común.

En nuestra sociedad la libertad se concede a los individuos no en razón a que les proporcione un mayor bienestar, sino porque el término medio de ellos servirá al resto de nosotros mejor que si cumpliera cualquier clase de órdenes que supiéramos darles. En ese estadio estamos los nicaragüenses. Presos de intereses políticos viles y privados de oportunidades, porque las bandadas políticas miden fuerzas, cuales pandillas feroces de carroñeros hambrientos.

Ese estira y encoge de una manada de tunos que se tienen en la Asamblea Nacional es el más claro signo de aborrecimiento que estos señores se tienen con el pueblo. Es el ejemplo del divorcio que existe entre la Libertad, la democracia y lo que ellos representan.

En este sentido, el gobierno central tiene la responsabilidad de menguar este repleto debate y dejar de jugar al tío conejo. Recuerden, como muy bien lo entendió Hume, en sus principios del Estado moderno, que se les dio la oportunidad de hacer algo por la patria, y deben de considerar que el egoísmo, desde luego, influye de modo señalado sobre el actuar de los hombres; ahora bien, es la opinión pública la que determina las manifestaciones de tal egoísmo y, en general, todos los negocios humanos.

El autor es economista.  

Economía

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