Roberto Morales [email protected]
No logro entender como los gobiernos de América Central prevén más beneficios que desventajas para la región si concretan un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, sin estudios previos.
Según nuestras autoridades, el TLC o CAFTA, impulsará las exportaciones de la región; en segundo lugar, traerá más inversiones extranjeras y, por último, traerá empleo al istmo. Sin embargo, luego de Chile y Singapur, la administración Bush escogió a Centroamérica para suscribir un Acuerdo de Libre Comercio por la importancia que reviste su posición geográfica, que repercute en tres frentes: a) controlar la migración de ilegales, b) controlar el paso de la droga hacia EE.UU. c) representa oportunidades de negocio para empresas norteamericanas. Lo mismo hacen hoy los norteamericanos con Perú mediante el APTA.
Sin embargo, no se necesita ser sabio para saber que también habrá importaciones. Actualmente, las importaciones superan cuantiosamente las exportaciones, existiendo una gran brecha o déficit en la balanza comercial que se incrementará con la firma del acuerdo (para muestra un botón, el comercio entre América Central y Estados Unidos alcanzó el año pasado 20 mil millones de dólares, con un déficit de 11 mil 680 millones de dólares para el istmo). Nicaragua es el menor exportador del istmo hacia EE.UU. con 427 millones de dólares anuales y el menor importador con 628 millones, siendo la balanza deficitaria para Nicaragua en 201 millones de dólares anuales.
La inversión extranjera viene decorada de leyes que no brindan tantos beneficios a los trabajadores locales como a las mismas empresas extranjeras utiliando el escudo protector de los tratados de libre comercio, muy distintos a los acuerdos de inversión extranjera que se firman de manera bilateral, más justa y más reciproca. Por último, si bien se generarán empleos éstos no gozarán ni contarán con todos los beneficios sociales que en cualquier país civilizado un trabajador puede tener. Estos empleos vendrán cubiertos de subcontrataciones, lo que hace que el pago sea menor o que se maneje la contratación, en vez de poner a la gente en planilla, lo que hace que pierdan los beneficios sociales de ley
No estoy en contra del CAFTA siempre y cuando sea firmado en condiciones justas para Centroamérica. De la experiencia mexicana se pude extraer que la pobreza se incrementó del 58.5 por ciento al 79 por ciento, así como se han perdido en Estados Unidos alrededor de 700,000 empleos puestos de trabajo.
A pesar que ya se iniciaron las negociaciones formales ni EE.UU. ni las naciones centroamericanas tienen un texto de negociación oficial, me pregunto, si la Asamblea Nacional de Nicaragua autorizó estas negociaciones que vienen siendo no solamente oficialmente tratados sino también consolidadas a medida que avanzan.
El actual gobierno de Nicaragua debe brindar a todo su pueblo el texto de la negociación y brindar información sobre y las consecuencias positivas y negativas de la negociación, sino ¿de qué democracia hablamos y bajo qué tipo transparencia estamos sumidos?
Las autoridades deben difundir por los medios de comunicación quienes, en realidad, saldrán beneficiados del acuerdo, se nos debe brindar la oportunidad de expresar opinión y aprobación, así como advertir que cientos o miles de compatriotas se verán perjudicados y afectados directamente en su calidad de vida, salud, tradiciones culturales y estabilidad económica, entre otras.
Al vecino del Norte solamente le interesa consolidar más su posición ante el ALCA, ante la posibilidad que Brasil trabe las negaciones apoyado por otros países del Sur. Para los Estados Unidos la aprobación del CAFTA es parte de su estrategia de promoción del ALCA, ya que se estaría formando un nuevo bloque económico que negociaría bajo una posición más que sólida a portas del ALCA, sólo le faltaría unificar su posición en el Sur donde cuenta con muy pocos aliados (Chile y Uruguay).
En la actualidad, como se presenta el panorama político interno de centroamerica, algunos asuntos serán muy positivos y estarán presentando beneficios como: el libre acceso de las empresas transnacionales a contratos y licitaciones gubernamentales, que no permitirán el uso del soborno y la corrupción; que los entes gubernamentales no controlen el desempeño de las inversiones extranjeras, siempre y cuando exista la regulación y se reinvierta las ganacias en el país, con el fin de no crear los capitales golondrinos; la protección regional, más que internacional de los derechos de propiedad intelectual de marcas y patentes, es decir, ya no será solamente a nivel local, entre otros.
Por otro lado, es evidente que los perjuicios y efectos negativos que generará el acuerdo de libre comercio en los derechos humanos, entre otros, serán catastróficos. La historia misma dicta que por la falta de oportunidad que han tenido las naciones centroamericanas de ejercer su derecho a la libre determinación afectó indiscutiblemente la construcción de la Centroamérica soñada por los próceres de la independencia.
En las actuales condiciones se deben buscar la manera de anteponer los intereses de los países centroamericanos a los intereses del gobierno de Estados Unidos, así como de las empresas multi o transnacionales, como se les desee mejor llamar. Nicaragua debe definir claramente, ante todo, una sólida férrea posición y determinar el proyecto estado-nación en cuyo desarrollo pleno se involucre a todo el pueblo de Nicaragua.
El autor es jurista en Derecho Internacional.