Mutilación, un rito que deja huellas perpetuas

Más de seis mil niñas y adolescentes son sometidas a la práctica de la “circuncisión”. De acuerdo a datos de Naciones Unidas, la mutilación de los genitales femeninos afecta en este momento entre 85 y 114 millones de mujeres en por lo menos 28 países del mundo principalmente en África y Asia Vilma GutiérrezESPECIAL PARA […]

  • Más de seis mil niñas y adolescentes son sometidas a la práctica de la “circuncisión”. De acuerdo a datos de Naciones Unidas, la mutilación de los genitales femeninos afecta en este momento entre 85 y 114 millones de mujeres en por lo menos 28 países del mundo principalmente en África y Asia

Vilma GutiérrezESPECIAL PARA LA [email protected]

GUINEA-BISSAU .- Raquel tiene 26 años, tres hijos y un cuarto en espera de nacer, vive en la capital de Guinea Bissau, pero nació y fue criada en una de las etnias del norte del país. “Cuando tenía nueve años participé, con otras niñas de mi Aldea, en la ceremonia donde me convertiría en mujer, estábamos felices pues ya no seríamos niñitas. Después que eso pasó nunca más fui la misma, mi vida cambió”.

Lo que cuenta Raquel es similar a lo que dicen muchas otras mujeres que se atreven a hablar y que han pasado por la práctica ancestral de la mutilación de sus genitales, una práctica inhumana que hoy en día se continúa realizando en numerosas etnias africanas, a pesar de que organismos internacionales, que luchan por los derechos humanos, la califican como una práctica nefasta contra las mujeres.

Algunas de estas etnias realizan la mutilación genital como parte de tradiciones milenarias, o ritos de iniciación con lo que se marca el traspaso de niña a mujer. Esta consiste en la extirpación total o parcial de los genitales femeninos en niñas entre 10 a 15 años de edad. Otras razones son de origen religioso, principalmente en amplios sectores de la religión musulmana, que las practican en sus mujeres con el fin de purificarlas con la remoción de lo que llaman como la “carne indigna” del cuerpo femenino. Algunas tribus o comunidades africanas la realizan para controlar el impulso sexual de las mujeres, para que se mantengan fieles a sus hombres.

Organismos especializados en el tema denuncian que actualmente cada día más de seis mil niñas y adolescentes son sometidas a la práctica de la “circuncisión”. De acuerdo a datos de Naciones Unidas, la mutilación de los genitales femeninos afecta en este momento entre 85 y 114 millones de mujeres en el mundo en por lo menos 28 países del mundo principalmente en África y Asia. Sólo en Guinea Bissau, ubicada en el África del Oeste, al menos el 46 por ciento de las mujeres han sido mutiladas.

Con la extirpación de los genitales, las mujeres son obligadas a eliminar su deseo sexual por que es “mal visto” en la sociedad; ellas tan sólo deben limitarse a su función reproductora, y a mantener un rol sexual pasivo, es decir no deben experimentar ninguna satisfacción sexual.

NIÑAS IGNORAN QUÉ LES PASARÁ

María Augusta Beles, mutilada cuando era muy pequeña, y quien es la actual presidenta de una organización bissau-guinense que lucha por la erradicación de la mutilación genital, afirma que la mujer mutilada no experimenta placer sexual, por lo que su vida conyugal es muy difícil.

Las mujeres que no fueron mutiladas, son descalificadas; es como si estuvieran muertas dentro de su comunidad. Es por esta razón que las niñas están acostumbradas a esperar a que llegue el día sagrado en que participarán en el Fanado (término utilizado en Guinea Bissau), o el famoso día del Gudnin como se le conoce en Somalia, o el Njongal jigeen llamado así en otras comunidades africanas.

Las candidatas no saben lo qué les pasará con exactitud al momento del fanado, pues la práctica de la mutilación es guardada en secreto y ninguna de las que lo han experimentado puede hablar sobre ello a las próximas candidatas. Esto sería un deshonor para sus padres y la comunidad. “Las jóvenes que ya habían pasado por el fanado eran mejor vistas por todos en la aldea, por eso las niñas queríamos llegar rápido a ese día, aunque nunca nos dijeron qué es lo que nos pasaría. Las que ya habían pasado por el fanado no querían hablar, esto es un secreto que nadie podía violar…”, recuerda Raquel.

Fatumata Seidi, otra víctimas de la ablación, refiere: “Fui mutilada cuando tenía 10 años. No soy musulmana pero las niñas en la escuela que ya habían ido al fanado comenzaron a burlarse de mí… Eres “blufo”, (niña que no ha participado del fanado) no queremos hablar contigo, me decían. Entonces yo también participé en el fanado para no ser “blufo”. Cuando fui mutilada tuve hemorragias durante tres días con muchos dolores. Cuando salí del fanado estaba muy contenta pues ya no era “blufo”, ahora era “lambe” (niña fanada, ahora mujer). Algunos años después percibí que lo que me hicieron perjudicó toda mi vida”.

AMPUTACIÓN

El rito de la mutilación tiene sus diferencias de acuerdo a la comunidad donde se realiza, pero por lo general es considerada una ceremonia especial. En algunas comunidades de Guinea Bissau las jóvenes candidatas son preparadas con tres meses de antelación. Durante ese tiempo los padres las llevan a vivir directamente a la casa de la mujer más vieja de la comunidad, llamada fanateca, donde las niñas son prácticamente encerradas en algunas barracas para aprender “cosas que las mujeres deben saber”; como preparar los alimentos, atender al marido, rezar, cantar y bailar danzas ancestrales. Al final del período de aprendizaje viene el momento crucial del fanado que es la mutilación.

La extirpación del clítoris no llega a durar más de quince minutos por niña. Las candidatas son conducidas al “monte” por algunas mujeres de la aldea donde rezan y luego con un cuchillo, una hoja de afeitar o incluso un pedazo de vidrio, sin las mínimas condiciones de higiene, cortan el clítoris de cada una de las niñas (clitoridectomía).

Existen distintas técnicas que se realizan en otras etnias o comunidades africanas, como la extirpación total de los labios menores o los labios mayores de los genitales, que después son cosidos con aguja e hilo; esta práctica se llama infubalacion o circuncisión faraónica. Las mujeres quedan apenas con un pequeño orificio que les permite el paso de la orina y del flujo menstrual. Esta forma constituye el 15 por ciento del total de las prácticas en África.

Una vez realizado el corte se colocan hierbas y plantas para ayudar al proceso de cicatrización, sin embargo muchas suelen tener abundantes hemorragias y fuertes dolores que las lleva a permanecer inmóviles por varios días y hasta semanas.

SECUELAS DOLOROSAS

La Organización Mundial de la Salud afirma que las mutilaciones genitales en las mujeres son un grave problema de Salud Publica, debido a las graves consecuencias que trae a la salud de las mujeres, como sufrir de dolores insoportables durante muchos años, retención de la sangre menstrual (en los casos de circuncisión faraónica), dificultades en la fecundidad y el parto, retención de orina en la vejiga por el temor a experimentar dolor, peligrosas infecciones genitales e inclusive hasta hemorragias incesantes que pueden conducir a la muerte. Otro grave problema es la transmisión de infecciones como el VIH por la utilización de instrumentos sin desinfectar al momento de las mutilaciones.

“Tengo muchos problemas en mi vida íntima por que se me dificulta sentir placer y después de las relaciones siento mucho dolor en la misma zona donde fui mutilada. Aún hoy cuando tengo un cuchillo en la mano me acuerdo del momento del fanado. Le tengo miedo a los cuchillos…”, confiesa Fatuma Seidi.

La mutilación genital femenina es una forma de violencia contra las mujeres que es desconocida en algunas partes del mundo, pese a que cada minuto 5 niñas en el mundo son mutiladas.  

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