- Don José Hernaldo Valdez, con más de 50 años de retocar imágenes en un populoso barrio rivense, aprendió el oficio que heredó de su padre de crianza, en principio por una necesidad para sobrevivir, ahora, su mayor inspiración es devolverle el color a las imágenes y tallarlas también en madera
Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL/[email protected]
Don José Hernaldo Valdez Ibarra es un afable señor de pelo cano, a quien cualquier transeúnte puede ver a diario a orillas de su ventana, en su casa de habitación, donde se ha consagrado al arte santero.
Su trabajo consiste en “revivir” y dar color a las imágenes dañadas o gastadas por el tiempo. Tiene unos 50 años de realizar esta actividad.
Don José vive en el populoso barrio de La Puebla, en Rivas, y confiesa que al heredar este arte de su padre de crianza, sintió que debía asumirlo como una necesidad, pues era indispensable seguir sobreviviendo. Luego se dio cuenta que devolverle el color a las imágenes era algo que le fascinaba.
UN AUTODIDACTA
Este santero de pueblo es conocido cariñosamente con el nombre de “Algaba”, y confiesa que nunca “tuve colegio de artes, pues mi maestro estuvo en casa y ahora me sirve lo aprendido”.
También reconoce que su trabajo ahora es atractivo: “Me gusta porque ya estoy viejo (76 años), de joven me gustaba pintar y era albañil; al mismo tiempo hacia frente a mis imágenes y a mi pintura”, dice.
Su papá de crianza, de quien aprendió esta labor, era escultor, y cuando éste falleció decidió seguir sus pasos.
Al comentar de sus experiencias y de su arduo trabajo, don José sólo tiene un comentario: “El hombre trabajador tiene mucha vida; y ese quizás ha sido el éxito de su continua y perdurable labor.
SU VENTANA
Ahí lo encontramos. Su cabello canoso sobresalía en una hermosa ventana que da a la calle. Estaba retocando una bonita imagen de la Virgen de Concepción, su trabajo ya casi había concluido luego de un día de mezclar colores y adecuarlos armoniosamente a la imagen.
Y es que, diríamos que éste es su lugar estratégico, puesto que según él toda la gente que transita por esa concurrida calle puede ver de largo su trabajo.
Retoca las imágenes a un costo que va de 150 córdobas hasta 1,000; el valor está en dependencia del tamaño y de la decoración. También a su arte de retocar imágenes de santos se agrega el de reparar adornos, y don José dice ser especialista en unir o arreglar adornos quebrados.
Confiesa que “no es difícil esculpir imágenes, rostros, manos, lo único es que hay que conocer de pintura, para que las combinaciones sean agradables”.
Don José está claro de que su vista no es la misma de antes. Pero sí piensa continuar retocando Santos “hasta que el Señor me ayude con mi vista”; mientras tanto, “una hija” sigue sus pasos, pues también le gusta la pintura.
SU MAYOR ORGULLO
Don José no duda ni un momento al decir que su mayor orgullo es que “todos mis hijos están preparados”. Tuvo en total 14, dos ya han fallecido, y agradece el hecho de que éstos lo quieran mucho.
IMÁGENES
Don José también hace imágenes talladas en madera para ciertas iglesias que lo solicitan, luego las pinta.
Sus trabajos han sido demandados no sólo en este departamento, sino también en Carazo, Chontales y por rivenses que están en el extranjero.
El venerado Jesús del Rescate, una de las reliquias religiosas más importante de los rivenses, es una de las imágenes que don José dice haber retocado.
Los meses de mayor demanda en los servicios de este retocador de imágenes, son entre octubre, diciembre, enero, y luego Semana Santa.
La imagen de la Virgen de Concepción es la que más visita el taller de don José, también el Divino Niño.
“He cumplido con mi trabajo de arte y de trabajo fino”, conside ró don José.