Nicaragua y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional

José Antonio Poveda Salvatierra Los problemas actuales son muy graves, por sus efectos en el bienestar y en las expectativas de la sociedad nicaragüense, porque enfrentan al país con la banca internacional debido a la problemática que plantea la deuda externa, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La forma como se maneja la […]

José Antonio Poveda Salvatierra

Los problemas actuales son muy graves, por sus efectos en el bienestar y en las expectativas de la sociedad nicaragüense, porque enfrentan al país con la banca internacional debido a la problemática que plantea la deuda externa, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La forma como se maneja la actual situación del país, adquiere una importancia decisiva. Influirá en la elaboración de la estrategia económica para hacer frente a la crisis en que vivimos y, en un plano más profundo, para determinar si Nicaragua conserva o no el derecho elemental de un país soberano de decidir su destino con una visión de nación para las generaciones futuras.

En las condiciones imperantes, todos los sectores del país deben manejar los aspectos más esenciales en la economía nacional. El comportamiento de la economía actual está determinado por el descomunal desequilibrio fiscal y monetario y la deuda interna, dentro del cual los servicios de la deuda externa tienen una participación preponderante.

Cuando el Estado carece del poder político para cumplir con los compromisos financieros externos sin crear liquidez, la inflación se convierte en el mecanismo obligado del ajuste. Se genera de esta forma un impuesto inflacionario que se refleja en la caída del salario real, en las utilidades de las empresas y del dinero en los bolsillos de los nicaragüenses no debemos olvidar los problemas latentes de la guerra contra Irak y la problemática de Venezuela.

Sean cuales fueran las causas del endeudamiento externo, las operaciones contratadas conforme a derecho forman parte de los pasivos externos de la nación y deben ser asumidas como tales. No se trata de hacer desplante alguno, también la responsabilidad y la prudencia en el manejo de sus asuntos internacionales, son de vital importancia para la vida de la nación.

El carácter razonable de la posición nicaragüense y la propia vulnerabilidad de la Banca Internacional ante las declaraciones públicas de sus principales dirigentes seguramente evitará decisiones excluyentes. Los préstamos soberanos, es decir los realizados en nuestra jurisdicción nacional, tienen grandes ventajas pero, al mismo tiempo, no pueden ser ejecutados en el caso de incumplimiento del deudor.

Nicaragua deberá realizar los máximos esfuerzos para llegar a una solución negociada, compatible con el ejercicio efectivo de la soberanía nacional y las necesidades impostergables de la recuperación de su economía. Cabe esperar, que, en definitiva, se llegará a una solución aceptable, pero el país debe prepararse para lo peor. En definitiva la deuda externa no constituye el único problema, ni todo se soluciona con desfinanciarla.

El señor presidente de la República, Ing. Enrique Bolaños G., en comparecencia ante el pueblo de Nicaragua anuncia el veto parcial de la República: “presentaremos en las próximas semanas una propuesta de reforma tributaria integral que nos permita recaudar fondos adicionales y recurrentes para poder financiar los aumentos de salarios que deseo para los soldados, policías y trabajadores de la salud; para comprar más medicinas y para vigorizar la economía en la creación de mayor progreso y bienestar”, señaló.

Sin embargo, se observa que los programas de ajustes se han topado con dificultades para mejorar las condiciones de vida del pueblo de Nicaraguas. Estos fenómenos, además de impedir que se restaure el equilibrio macroeconómico, provocan que se apliquen medidas cada vez más restrictivas que acentúan el problema de la economía y el consecuente deterioro de los ingresos y la calidad de vida de la población. Asimismo, la excesiva insistencia en las medidas de corto plazo ha postergado la solución de las distorsiones estructurales de la mayor parte de los problemas que enfrenta el país; y que supuestamente constituyen los objetivos de los programas de ajuste estructural.

El efecto de las políticas de ajuste estructural en el conjunto de la economía ha sido preocupación creciente de los gobiernos del istmo centroamericano. Pasadas y actuales administraciones han tenido que enfrentar la inevitable discusión macroeconómica para llegar a algún tipo de estabilización y ajuste interno de sus economías, sin lo cual no es posible acceder a ningún tipo de financiamiento externo. También representa una gran preocupación para los gobiernos.

En términos generales, los programas de ajuste estructural aplicados recientemente, han perseguido el equilibrio macroeconómico, combatiendo con firmeza la inflación. Las medidas se caracterizan por su severidad para comprimir la demanda interna, mediante políticas monetarias, financieras y fiscales restrictivas.

Dejar de tomar rigurosamente en cuenta las condiciones estructurales de pobreza, de crisis productiva que vive el país, así como el contexto regional es una situación irreal. La economía nacional no funciona como el ajuste pretende: ningún país o grupo de países de los que actualmente controlan el comercio internacional, lograron hacerlo abatiendo las barreas internas al libre flujo de mercancías y capitales exteriores.

La única vía para alcanzar una solución global y permanente será un diálogo político entre acreedores y deudores, basado fundamentalmente en el principio de la corresponsabilidad y el derecho al desarrollo. Para ello se hace necesario, entre otros mecanismos y medidas, ajustar el servicio de la deuda a la capacidad real de pago de nuestro país. Limitar dicho servicio en función del ingreso por exportaciones o del comportamiento de otras variables económicas, revertir la transferencia neta de recursos que nos afecta y darle un tratamiento diferenciado a la deuda actual y a la futura. En este contexto, es necesario tomar en cuenta las necesidades reales de nuestra economía nicaragüense, en particular la necesidad de alivio del servicio de su deuda oficial a las instituciones bilaterales y multilaterales. Para enfrentar el problema de la deuda externa se requieren además acciones inmediatas y simultáneas en el ámbito monetario, financiero y comercial, como actualmente lo ha planteado el señor Presidente de la República, Ing. Enrique Bolaños G.

Los desequilibrios en el sistema económico y financiero internacional repercuten directamente sobre nuestra economía nacional. Asimismo, la condicionalidad que se aplica principalmente en el ámbito del comercio y las finanzas, menoscaba la potencialidad del desarrollo y la autonomía de nuestro país, por lo que las exigencias más complejas y agobiantes asociadas al financiamiento externo deberían adecuarse a las condiciones, objetivos económicos y políticas de desarrollo de cada país. El aumento de los recursos de los organismos financieros internacionales y una reorientación de su acción es imprescindibles para que puedan desempeñar un papel acorde con nuestras necesidades de desarrollo. Además, la gravedad de los problemas de balanza de pagos que experimentamos los países del servicio de financiamiento compensatorio, para responder a los impactos negativos ocasionados por factores tales como la caída de los precios de los productos básicos, las altas tasas reales de interés y los desastres naturales. Asimismo, deberán adoptarse medidas para facilitar la transformación de los préstamos de la ayuda oficial para el desarrollo en donaciones, y para aumentar los recursos concesionales para la pequeña economía de nuestro país, destinados a su infraestructura económica y social. En consecuencia es necesario hacer impostergable una revisión profunda del actual sistema monetario y financiero internacional mediante negociaciones multilaterales.

El autor es Vicedecano Facultad de Derecho UNAN-León  

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