La confianza: Péndulo económico 2003

Rómulo Sánchez Leytón En Nicaragua el panorama político no termina de aclararse a pesar de los “rounds” ganados. Desde el punto de vista económico continúa en la encrucijada. Según cifras oficiales se creció en uno por ciento, si se toma en cuenta el crecimiento poblacional del 3 por ciento, realmente hubo recesión. La deuda externa […]

Rómulo Sánchez Leytón

En Nicaragua el panorama político no termina de aclararse a pesar de los “rounds” ganados. Desde el punto de vista económico continúa en la encrucijada. Según cifras oficiales se creció en uno por ciento, si se toma en cuenta el crecimiento poblacional del 3 por ciento, realmente hubo recesión. La deuda externa a pesar de las condonaciones recientes, continúa siendo un pesado lastre. La deuda interna producto de las quiebras bancarias y las piñatas de CENIS, amenazan con asfixiarnos.

El problema del desempleo y la pobreza son temas pendientes en la agenda. Anualmente crece la Población Económicamente Activa (PEA) en 90 personas, 25 por ciento de ella padece el desempleo y subempleo. Según las cifras oficiales del Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (INEC), 45.8 por ciento de la población vive en la pobreza sin acceso a la salud, educación y sin oportunidades de empleo.

Para solucionar este problema prioritario, se necesita de considerables inversiones internas (privadas y públicas) y externas. El reciente acuerdo con el FMI proporcionará algunos recursos financieros. Los fondos que la comunidad internacional ha ofrecido deben dedicarse a fortalecer la lucha contra la pobreza, promover el crecimiento y no a inflar el estómago y las cuentas de muchos soldados de fortuna, llamados asesores, consultores, etc.

La lucha anticorrupción desgastó al gobierno, de concentrarse en las tareas de política económica. Con el panorama un tanto “despejado” no deben haber motivos para que la economía continúe a la deriva. Los avances han influido en la mejora del índice de riesgo país. La batalla, lejos de haberse terminado, apenas comienza. El castigo a los corruptos no puede ser mediatizado, ni las sentencias judiciales ser “gallo-gallina”. Es abominable que exista una justicia selectiva y delincuentes privilegiados. Así no se restablece la confianza de los inversionistas, ni se crean esperanzas. Todavía las instituciones públicas dejan mucho que desear.

Es un imperativo ser intransigente con la corrupción y la impunidad. En esos campos no debe haber motivo para negociar. La desconfianza y la corrupción son males perversos que obstaculizan superar el retraso económico de los países y potencian los problemas económicos. La historia ilustra y los economistas han demostrado que la confianza es una condición esencial del desarrollo económico, porque reduce los costos de transacción. Si alguien parte que no le van a estafar, se ahorra penosas pesquisas sobre la integridad moral y ética, antes de hacer negocios.

“El atraso económico puede ser aclarado en gran medida por la escasez de confianza mutua”. Escribía Kenneth Arrow en 1972; tiempo después, Premio Nóbel de economía. Si un país es deficitario en confianza, es prisionero de la trampa de la pobreza. Entre los economistas la medición de la confianza es un tema controversial. Desde finales de los 90 ha sido examinada empíricamente por economistas del Banco Mundial: Steve Knack y Philip Keefer (World Values Survey). Un crecimiento de la confianza en un país en un 10 por ciento, conduce a que el PIB crezca un 0.8 por ciento.

Mediante una encuesta mundial los autores preguntaban entre otras cosas: ¿Si en general sentían confianza hacia las personas de su país? Mientras Noruega obtenía 65.3 por ciento, Brasil sólo 2.8 por ciento, consideraba a sus conciudadanos dignos de confianza. Esta pregunta se corroboró empíricamente. En un bar se olvidaba, intencionalmente, una bolsa con 50 dólares. En países con un elevado valor de confianza en las encuestas, se regresó con mayor frecuencia la bolsa con el dinero. Dados los niveles de pobreza y descomposición es poco probable que en Nicaragua regresen, al menos, la bolsa.

Un país sin ahorro e inversión productiva, no tiene posibilidades de crecer y una nación que no crea riqueza, no tiene nada que repartir, no puede crear empleo, ni impulsar el desarrollo. Existe sin lugar a dudas una interacción sana y fuerte, entre la confianza y el crecimiento. Tampoco es absoluto que a la gente automáticamente le va bien, cuando la economía florece. Aunque esto pueda crear las bases para el progreso y la equidad. El crecimiento per se, no vuelve ético el desarrollo.

En Nicaragua no se puede postergar la reactivación económica. Tenemos lo necesario para tener éxito en la creación de bienestar. Sólo se debe querer. Tareas prioritarias e insoslayables continúan siendo, combatir la corrupción, empujar el crecimiento, crear empleo y disminuir la pobreza. Las élites deben aprender a vivir con austeridad de monjes. Confiemos en nuestras fuerzas y nuestras capacidades, no obstaculicemos avanzar.

El autor es economista.  

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