Prof. Álvaro A. Cano Lindo
Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el Espíritu es animoso, pero la carne es débil. San Marcos 14:38.
Por no escuchar estas sabias palabras, el hombre se ha convertido en el más salvaje de los animales; amigos de la violencia y enamorado de la lujuria, ha doblado sus rodillas para adorar al dios dinero y seducido por la soberbia, ha ofendido gravemente a su Creador.
Estoy convencido por los hechos nefastos ocurridos en el pasado y los ocurridos en nuestros días que el hombre sin dios, sin oración, es sinónimo de catástrofe, corrupción y muerte; y todo por el dinero, como dice la escritura: “La raíz de todos los males es el amor al dinero”.
La oración es una diálogo entre lo humano y lo divino a través del cual fluye el poder del Espíritu Santo.
He vivido 42 años, y lo más grande que he conocido es a Jesús de Nazaret. He visto su poder y su grandeza inigualable en la Oración, y por esto puedo decir con autoridad que la oración es imprescindible para que vivamos como hermanos..
La oración, evita el odio, por el cual todavía se oye la voz del cañón; arranca de raíz el deseo incontenible del poder, del tener y del placer, motivos por el cual estamos viviendo una gran crisis social, económica, política, moral y espiritual.
Urge que el hombre se renueve integralmente en Jesús por medio de la Oración, y la historia es testigo de lo que escribo, los hombres que han velado por el bien común de la humanidad; son aquéllos que han nacido del Espíritu Santo y que se han alimentado de la oración; entre éstos tenemos a San Francisco de Asís, amó la naturaleza y a los pobres, Don Bosco, educó a los desposeídos, Mahandad Ghandi, venció a la violencia y Madre Teresa vivió por los pobres más pobres.
Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, mas los soberbios se tapan los oídos para no escuchar; y Jesús les dice: “Ojalá escuchéis hoy mi voz y no endurezcáis vuestros corazones”.