- En esa jornada, murieron más de 30 personas y comenzó el año más difícil de la historia de esa nación
Reuters
BUENOS AIRES.- El centro de Buenos Aires se pobló el viernes de miles de manifestantes que llegaron para recordar el primer aniversario de la trágica revuelta que forzó la caída del ex presidente Fernando de la Rúa, dejó casi 30 muertos y levantó el telón de uno de los años más difíciles para el país.
Las primeras columnas de manifestantes llegaron a la histórica Plaza de Mayo, donde está la Casa de Gobierno, mientras algunas agrupaciones de desocupados que partieron de distintos puntos del país planeaban arribar al final de la tarde al Congreso y unas dos horas más tarde a la plaza.
“La plaza se va a llenar, pero esperamos que todo esté tranquilo. La idea es que sea una protesta en calma y que todo el pueblo pueda estar ahí’’, dijo a Reuters, Gabriel Solano, portavoz de una agrupación de desocupados.
La grave situación social de Argentina, con la mitad de la población viviendo en la pobreza, empeoró desde diciembre del 2001, aunque distintos programas de asistencia del presidente Eduardo Duhalde han dado un leve respiro a una buena parte de las familias más humildes.
La protesta se desarrollaba sin incidentes graves pese a la alarma que provocaron en el gobierno versiones, que circularon en las últimas semanas, de que algunas agrupaciones habían recibido dinero de grupos políticos para generar disturbios.
En tanto, las entidades bancarias del centro financiero de la capital permanecían bajo fuerte custodia policial y muchas permitieron a sus empleados retirarse al mediodía, antes de que llegaran los manifestantes.
En la revuelta del año pasado, los frentes de la mayoría de los bancos de la ciudad fueron destrozados, dado que la población cree que los banqueros fueron cómplices del gobierno en el sobreendeudamiento del país que hizo colapsar la economía.
El estallido a fines del 2001 se desató tras la aplicación de unas restricciones bancarias que impedían a los ahorristas retirar sus depósitos de los bancos en un país con niveles récord de pobreza y desempleo.
El gobierno de Duhalde logró ordenar el sistema financiero local y estabilizar la moneda local, pero desde que decidió la devaluación del peso apenas asumió la moneda perdió más del 70 por ciento de su valor.
En tanto los precios al consumidor subieron un 40 por ciento, al tiempo que los salarios quedaron prácticamente congelados, lo que cada día arroja a más familias por debajo de la línea de la pobreza.