Jorge Prego Sacasa
Después de más de veinte años del derrocamiento de la dictadura somocista, Nicaragua es la segunda nación más pobre de América Latina, el producto principal de exportación es el capital humano y la mayor fuente de divisas es el envío de remesas familiares.
Al asumir la Presidencia de la nación —bajo la bandera del liberalismo—, el ingeniero Bolaños fue claro: “Quiero hacer de mi gobierno, el mejor de la historia de Nicaragua”.
Identificó claramente que la situación de pobreza del país no se debe a la falta de capital humano, ni de recursos naturales, sino a la corrupción en las estructuras partidarias de aquéllos que en los últimos veinte años dirigieron la nación.
La lucha de Bolaños contra la corrupción no es demagógica o en beneficio de su familia, sino para sentar las bases de un futuro mejor Nicaragua.
Bolaños es visionario, al comprender que se debe modernizar las estructuras partidarias del liberalismo, para dar una respuesta efectiva y eficaz a los grandes retos nacionales.
Y claramente ha demostrado el gobierno que su lucha no es personal ni política, ya que se han denunciado situaciones que afectan a gente que estima de su propio partido.
Pero muchos nicaragüenses liberales han reaccionado con sentimientos de deslealtad. Y es en este punto de la historia nacional, donde los nicaragüenses demócratas en la Asamblea Nacional se deben preguntar si son simples observadores o serán protagonistas de la verdadera revolución en libertad, que desea realizar el Ing. Bolaños.