- Brutal parricidio y hallazgo de niño robado, 16 años después, sacuden a opinión pública. Todo cual novela de la TV
AP
RIO DE JANEIRO.- Una adolescente rubia llora en el funeral de sus padres, después de hallarlos muertos a golpes en sus camas… para confesar después fríamente que planeó el asesinato con su novio.
Un muchacho de 16 años descubre que la familia de clase media que lo crió no es su verdadera familia, que la mujer a quien llama “mamá” lo arrebató de una guardia de maternidad, y que sus padres biológicos lo reclaman.
Retorcidos y sórdidos como los guiones de las mejores telenovelas que el coloso sudamericano produce, los dos casos han absorbido la atención nacional mientras se anuncian en las primeras planas de los diarios brasileños.
LOS HIZO MATAR POR OPONERSE A SU PASIÓN
El asesinato brutal de Manfred Alberto von Richthofen y su esposa Marisia, en la Noche de las Brujas (Halloween), conmovió a un país sacudido casi a diario por informes sobre ejecuciones de escuadrones de la muerte o asesinatos de bandas de drogas.
La policía halló los cuerpos ensangrentados de la pareja en el dormitorio del matrimonio en el elegante barrio de Brooklin en Sao Paulo. Los dos habían muerto a golpes —Marisia también presentaba signos de asfixia con una toalla encajada en la boca— y la desaparición de dinero y joyas sugería un robo.
Los diarios publicaron fotografías conmovedoras de los huérfanos Suzane, estudiante de derecho de 19 años, y Daniel, de 16, sollozando sobre las tumbas de sus padres.
Pero la investigación cambió de rumbo cuando la policía descubrió que el hermano del novio de Suzane había comprado una motocicleta flamante un día después del asesinato pagándola con 36 billetes de a 100 dólares. De la escena del crimen faltaban 5,000 dólares.
CONFESIÓN
La policía también sospechó cuando Suzane ofreció un asado junto a la piscina días después de los asesinatos, sin dar muestras de pesar ni de duelo. Interrogada, la joven confesó que había planeado el hecho con su novio de 21 años, Daniel Carvinhosp de Paulo Silva, porque sus padres desaprobaban su relación.
Según la policía, Suzane dijo que quitó el cerrojo de la puerta, apagó la alarma y fue a asegurarse de que sus padres dormían. Después esperó abajo mientras Daniel y el hermano mayor de éste, Christian, se calzaban guantes quirúrgicos y máscaras, entraban en el dormitorio y mataban a la pareja con barras de hierro.
NIÑO ROBADO HACE 16 AÑOS
El episodio concitó la atención de los brasileños, pero pronto compitió por los titulares con el descubrimiento de que “Pedrinho”, un infante que había desaparecido de un hospital de Brasilia 16 años antes, estaba vivo.
En base a una pista, Jairo Pinto y su esposa María Auxiliadora viajaron de Brasilia a la cercana Gioania y hallaron que el niño a quien llamaban Pedrinho vivía con una familia de clase media, con el nombre de Osvaldo Borges Junior. Los exámenes de ADN comprobaron su identidad.
La prensa fue en pleno a cubrir la emotiva reunión, y los diarios publicaron fotografías de los Pinto celebrando con la mujer que había criado a su hijo, Vilma Martins Costa, y la familia de ésta. Costa dijo que su marido, que había muerto un mes antes, había recibido el bebé de una mujer no identificada y que lo habían criado como si fuera propio.
Pero Costa tenía gran parecido a la descripción policial de la mujer que había entrado en el Hospital Santa Lucía en enero de 1986 y que, haciéndose pasar por trabajadora social, se había llevado al bebé de apenas 12 horas de vida.
Cuando Costa se resistió a mantener contacto, la señora Pinto admitió que había reconocido a aquélla, pero que se mantuvo en silencio para evitar disgustar a su hijo.
“Decidí correr el riesgo, sabiendo que él podía oír y enojarse conmigo y no querer volver a verme”, dijo la madre. “La elección es de él. Sólo quiero que él sepa la verdad”.
Interrogado por la policía, el hermano de Costa se retractó de su testimonio anterior y admitió que condujo a su hermana al hospital el día que nació el niño y que la llevó a su casa con el bebé en brazos.
Costa no puede ser juzgada por secuestro debido al estatuto de limitaciones. Pero puede ser acusada de haber registrado a un ajeno como hijo propio, lo que conlleva una pena de hasta dos años y medio de prisión.