Ruth Maradiaga está angustiada. Con siete meses de embarazo, vive hacinada en un cuarto con el resto de su familia después que el pasado 18 de octubre la desalojaron de su casa, a pesar que interpuso un Recurso de Amparo en los juzgados de León para que se anulara la sentencia judicial de Chinandega. Ella dio la casa en prenda a un almacén de puerto libre.

Contrabandistas se quedaron sin casas

Gabriel Sánchez Campbell [email protected] Ver documento La propuesta era tentadora. Tener crédito por más de cinco mil dólares por semana para meter mercadería de contrabando a Honduras y Nicaragua, era algo que Ruth Argentina Maradiaga Sánchez, una mujer que se dedicaba a este negocio, no podía rechazar. Y en efecto no lo hizo, sin saber […]

Gabriel Sánchez Campbell [email protected]

Ver documento
La propuesta era tentadora. Tener crédito por más de cinco mil dólares por semana para meter mercadería de contrabando a Honduras y Nicaragua, era algo que Ruth Argentina Maradiaga Sánchez, una mujer que se dedicaba a este negocio, no podía rechazar. Y en efecto no lo hizo, sin saber que esto le costaría su propia casa hace menos de un mes.

Su acreedor era quien les había ofrecido el negocio: la tienda libre de impuestos Aerolibre Internacional Sociedad Anónima que opera en la frontera del Guasaule, en Chinandega, cuyo gerente de Sucursal, Douglas Castillo, se había presentado a su casa y a la del resto de contrabandistas para hacerle la misma oferta:

“Nosotros le damos el crédito que quiera, para que pase la mercadería a dónde quiera. Sin cargos, sin moratoria y sin nada a cambio”, sostiene Ruth que le llegó a proponer Castillo a la casa que ahora está en manos de Aerolibre.

Al igual que ella Blanca Rosa Fajardo, Mario Jacinto Antón Sánchez, María Isabel Katín, Heriberto Matías Betanco, y Ana Julia Osejeda recibieron la propuesta de Douglas una mañana de abril del 2000.

Ruth y Blanca Rosa Fajardo cuentan que cuando lo escucharon lo único que pensaron era que tenían resuelto sus días, no obstante en poco más de cinco años la cosa cambiaría: la primera perdería su casa y la segunda estaría a la espera de la sentencia que decidirá si debe o no entregar su casa.

Ruth afirma que desde 1998, ella y las demás personas empezaron a comprar en todas las tiendas de esa frontera cigarrillos, planchas y otros artículos electrónicos. Pero cuando Douglas Castillo les hizo la propuesta, ellos sólo compraban cigarrillos. Unas 150 cajas semanales a un precio de 324 dólares cada una.

Ella y Blanca Rosa Fajardo afirman que cuando compraban el producto en la tienda, contrataban un mulero para que les pasara las cajas de cigarros o bien las sacaban de la bodega, y la introducían dentro y fuera de Nicaragua por el punto “ciego” que está detrás de las instalaciones del complejo fronterizo.

“Ellos sabían que nosotros sacábamos del país la mercadería y que la metíamos para contrabando. Ellos desde que nos ofrecieron el negocio nos habían preguntado qué hacíamos y nosotros les contamos”, sostiene Blanca Fajardo.

Manuel Sandino, gerente general de Aerolibre, confirma que ellos les vendían y les daban crédito a estas personas, aunque dicen desconocer su negocio.

“Nosotros les dábamos crédito. Lo que yo no sé es a qué se dedican. Ese no es nuestro problema, ellos sabrán en qué andan, pero no sólo nosotros le vendíamos sino también las otras tiendas. Ellos compraban en Puerto Libre y en La Riviera también”, sostiene Sandino.

Ruth cuenta que ya los conocían por la familiaridad de comprar en ésa y en las demás tiendas y fue por eso que Castillo les propuso el negocio.

Después de estar trabajando desde abril del 2000 sin ninguna garantía, el gerente general y el de sucursales de la empresa les propusieron dejar una garantía para aumentar el crédito.

Así el 11 de febrero del 2001, ante María Martha Ordóñez, una abogada contratada por Aerolibre S.A. para realizar los trámites legales, se hizo un documento de compra y venta de las respectivas casas de las seis personas a las que la tienda libre de impuesto les daba crédito.

Sin embargo, lo que Ruth y Blanca argumentan es que ni a ellas, ni a ninguno de los demás colegas se les advirtió que lo que firmaban era un documento de este tipo, sino que creyeron que era una garantía sobre el crédito. Más nada.

Consultada al respecto la abogada Mariía Martha Ordóñez confirmó que ella había hecho la escritura, sin embargo en una reacción de visible nerviosismo, enfatizó que no tenía nada que ver con las anomalías y tratos que “por debajera” mantenían ambas partes.

“Yo hice la venta a ambas partes y uno como abogado hace lo que quieren las partes y no lo que yo quiero, no sé qué es lo que se tendrán ellos por debajera y con respecto a que, lo único que yo sé es que uno quiere vender y el otro le quiere comprar, entonces yo lo que hice en la venta es una fe pública”, contestó Ordóñez.

EL INICIO DE LOS PROBLEMAS

En ese año y en el siguiente, a como en ocasiones anteriores, la Policía de Honduras los apresó a todos por introducir mercadería en contrabando.

Ruth Maradiaga el 12 de enero del 2001 salió libre por “no haber méritos suficientes por ahora en la causa que se le siguió por el delito de contrabando, en perjuicio de la economía del Estado de Honduras”, según consta en su carta de libertad.

“Cuando nos agarraban nos quitaban todo y así fuimos perdiendo y perdiendo riales. Estábamos presos y Aerolibre sabía, en esa ocasión ellos llegaron a verme y me dijeron que no me preocupara”, afirma Maradiaga.

Cuando salió ella y sus demás compañeros siguieron trabajando con Aerolibre, pero desde la gerencia de la tienda empezaron a tener más presión para comprar.

Ambas cuentan que por la recesión tenían que bajar las compras, pero siempre presionaban, aunque después que estuvieron presas en Honduras, la cosa cambió y no pudieron más.

Empezaron a retrasar en los pagos y fue ahí donde la tienda empezó a presionarlos, con cobros y de pronto Castillo les dijo que pagaran o les quitaban la casa.

“Nosotros preguntamos ¿pero por qué? y ellos dijeron: Legalmente la casa es de nosotros, la garantía que firmaron era el acta de compra y venta de sus propiedadas, así que o pagan o se las quitamos”, sostiene Ruth que dijo Castillo.

Cuenta que cuando ella y los demás compañeros revisaron el documento, en efecto comprobaron que era el acta de compra-venta de sus casas, por lo cual intentaron llegar a un arreglo de pago y como la posición de la empresa era férrea decidieron demandar todos individualmente.

El 23 de octubre del 2001 Aerolibre Internacional era demandada de forma individual por Nulidad de Obligaciones. Aerolibre demandaba a sus “sujetos de crédito” por Omisión en la posesión el 23 de enero de 2002.

De este último caso, que resultó antes que el primero, sólo Ruth Maradiaga y Blanca Rosa Fajardo procedieron hasta el final, los demás llegaron a un arreglo de pago para no perder su casa.

Sin embargo, en el fallo de la Juez Primero del Juzgado Civil y Laboral del Distrito de Chinandega , el 23 de abril falló a favor de Aerolibre en la acusación de Ruth Argentina Maradiaga Sánchez, la cual el 18 de octubre de este año, a las 9: 50 de la mañana, fue desalojada de su casa de habitación.

Blanca Fajardo espera sentencia para el 20 de noviembre de este año con los mismos cargos en el Juzgado Segundo de Distrito Civil y Laboral de Chinandega. Los demás siguen pagando sus cuotas y hasta que las cancele les devuelven su casa.

Según Manuel Sandino, gerente general de Aerolibre, si ellos pagan les devuelven sus casas, “si no, no”.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí