- Desde las locuras de la señora Nidia, hasta los enredos amorosos dentro de Freydell
Esta semana, Pedro “El Escamoso” estará para morirse de la risa con las locuras de la señora Nidia, que ahora está oficialmente loca. Después de perder al hijo que llevaba en el vientre y considerar que se trata de un castigo divino por “pierniabierta” y “mala madre”, doña Nidia queda mentalmente desequilibrada, viviendo en el pasado.
En su mente, su esposo Juan Pacheco está vivo, las hijas son aún unas niñas y el doctor Perafán es el abogado de la familia. Tremendo lío se forma cuando el doctor trata de ocupar su lugar de esposo. El único lugar que logra ocupar es la habitación de Pedro Coral, después que la señora Nidia lo saca a patadas de su lecho.
Otra víctima de la locura de doña Nidia es Ana Dávila, quien tiene que aguantarse los escándalos que ésta le hace en su casa, pues cuando Juan Pacheco no aparece, Nidia decide ir a “sacarlo de las sábanas de Ana”.
Lidia decide dejar de ser la eterna amante de César Luis y recuperar el amor de René Lara. Demasiado tarde.
Después de convencer a Paula para asistir a terapia de pareja y desistir de la idea del divorcio, César Luis le pide a Pastor Gaitán que consiga una sicóloga, pero éste, a petición de Mónica, no busca una especialista en solucionar problemas matrimoniales. Lo remite donde una experta en disolver matrimonios.
Todo le está saliendo bien a la ex de César Luis, aunque la sicóloga les aclara que su especialidad es acabar pronto con los lazos matrimoniales, Paula convence a su esposo de escucharla.
Como única forma de salvar su vida, ante la ira de César Luis, Pastor Gaitán confiesa que quien le pidió remitir a la pareja donde esa sicóloga fue Mónica.
Continúa en boga la suerte de Mónica. Sin saber de quién se trata, Paula, entra en sociedad con Laura, la prima y confidente de Mónica. Ahora la rival de Paula tiene a una espía en la casa de ésta y Ana Dávila.
Mientras tanto, en el pueblo de Pedro Coral también suceden muchas cosas. Luego de perder al japonés, doña Delfina le echa el ojo a Gustavo Angarita hasta que se lo lleva a la cama.
Sun Yu, la hija del japonés Akiito Yamamoto, aparece en el pueblo, acompañada de su traductora, Susana, sin saber que su padre está muerto. Hablan con Pedro y todo está aparentemente resuelto, hasta consideran asociarse con Pedro en el negocio de los mangostinos.
Sin embargo, los Chávez no pierden la oportunidad y acusan a Pedro de matar al japonés para quedarse con su dinero. Pedro cae preso. Y aunque al final se comprueba que Akiito murió del corazón, Coral soportó la vergüenza de atravesar todo el pueblo esposado y escoltado.
Todo se sabe en ese pueblo. Pedro se entera de quiénes fueron sus acusadores y al retarlos a arreglar las diferencias a los golpes, se gana las disculpas de Heriberto Chávez, obligado por su papá, claro.
¡Sorpresa! El japonés, Akiito, era el dueño de una empresa con la que Freydell lleva meses tratando de asociarse. Sun Yu, quien ahora estará al frente de los negocios de su padre, decide hacer negocios con Pedro Coral. El sueño de conformar una empresa, produciendo y exportando mangostinos, parece que será realidad para “El Escamoso”.
¡Qué verracada!
Para entender mejor la cómica novela “Pedro El Escamoso”, el Suplemento Nosotras le presenta los colombianismos relacionados con la palabra “verraco”.
Verraca o Verraco: una persona que es echada “pa’lante”, que no se deja vencer por nada ni nadie…
Como un verraco: expresión comparativa que significa “mucho”.
En pura verraca: rapidísimo, a toda velocidad. Eso está muy verraco: “Es muy difícil de hacer o de aceptar”.
Estoy verraco: Muy enojado
Estoy muy verraco: significa “Tal vez sea mejor que no se atreva a hablarme en este momento”.
Me enverraqué: Sinónimo de otro colombianismo: “Me embejuqué”, me enojé.
En otro sentido, “me enverraqué” significa “me entusiasmé y empecé a hacer las cosas, ahora sí, con ganas”.
Enverraquecido: supremamente enverracado.
Verracamente: demasiadamente.
¡Verraquísimo!!: ¡Buenísimo!!
No tengo un verraco peso: Estoy muy pobre. No tengo ni un solo centavo.
¡Qué verraquera!: algo maravilloso, extraordinario
La verraquera: lo máximo, lo mejor.
Un verracote o una verracota: un tipo, tipa o cosa grande.
Misiá berraca: Esta es como una mítica versión a la colombiana de la Mujer Maravilla. Si ella no lo hace, no lo hace nadie: “Esto no lo hace ni Misiá Berraca”. También, algunos llaman así a sus esposas, cuando éstas son muy temibles.
Ni por el berraco: Por ninguna razón.
Estoy llevado del berraco: Estoy en muy mala situación.