“LA PRENSA es indoblegable”

En estos momentos de crisis nacional y de agresiones al periodismo, Mario Alfaro Alvarado, ex jefe de Redacción de LA PRENSA, también recuerda las bárbaras acciones de la dictadura somocista y de los férreos censores del régimen sandinista a través de sus agentes quienes ordenaban qué se publicaría Eduardo Marenco [email protected] A través de la […]

  • En estos momentos de crisis nacional y de agresiones al periodismo, Mario Alfaro Alvarado, ex jefe de Redacción de LA PRENSA, también recuerda las bárbaras acciones de la dictadura somocista y de los férreos censores del régimen sandinista a través de sus agentes quienes ordenaban qué se publicaría

Eduardo Marenco [email protected]

A través de la ventana de la casa de don Mario Alfaro Alvarado, ubicada a orillas de la Calle Real de Granada, entran la luz y el viento, el reír de los niños, el paso de un coche jalado por caballos, la prisa de los automóviles, el pregón de un vigorón, la camioneta que fumiga para prevenir el dengue, un altoparlante anunciando peleas de clasificación en el coliseo local, el polvo y las miradas de curiosos. La vida, pues. Ante la imposibilidad de conversar con semejante concierto de fondo, la entrevista se traslada a una sala más alejada de la Calle Real y la ventana es cerrada.

Mario Alfaro Alvarado, alguna vez oficial de la Guardia Nacional, fue exiliado durante la dictadura de los Somoza durante 16 años y sufrió exilio nuevamente en los años ochenta, durante la revolución sandinista. Entre 1973 y 1982, fue jefe de Redacción del diario LA PRENSA y como periodista e historiador, es testigo de cómo este rotativo ha sobrevivido a persecuciones, amenazas, dictaduras, revoluciones, terremotos y desastres naturales.

Don Mario, esta agresión que acaba de sufrir LA PRENSA, ¿es una casualidad o es parte de una constante histórica?

Yo diría que es parte de la constante histórica de Nicaragua. Esos procedimientos los han usado todo el tiempo. Yo no sé si los conservadores, durante los treinta años, persiguieron a los periódicos de entonces, pero toda la experiencia histórica que tenemos es la persecución de los liberales.

Usted me decía que los liberales, particularmente, han hecho uso de la violencia, históricamente…

Sí. Zelaya persiguió a sus enemigos con la intención de aniquilarlos, quiso aniquilar a todos los capitalistas conservadores, porque eran quienes le hacían oposición, pero llegó hasta cierto límite, porque éstos producían la mayor parte de las exportaciones de café. Él trataba de aniquilarlos pero sin acabar con ellos.

Somoza cerró LA PRENSA, ¿también la bombardeó?

Creíamos que la había bombardeado pero cuando pudimos entrar a LA PRENSA, lo que vimos es que le pegaron fuego. Lo cierto es que se metieron a LA PRENSA y le pegaron fuego con gasolina, de manera que el incendio fue muy rápido y no destruyó todos los equipos. De tal manera que quedaron allí dos vestigios muy significativos: uno fue el último número del tiraje de ese día que quedó casi intacto, y el otro una bandera de Nicaragua que no estaba desplegada, como dos símbolos: el símbolo patrio y el símbolo de la libertad. Entonces, lo que Somoza creyó, que acabaría con LA PRENSA, fue una equivocación. Y LA PRENSA no resurgió de las cenizas como el Ave Fénix, sino de los hierros que resistieron el fuego de Somoza, la tea incendiaria de Somoza, como la tea de William Walker que incendió Granada, pero no pudo acabar con ella.

También han atentado contra los periodistas de LA PRENSA. ¿Nos puede recordar algunos de los casos más sobresalientes?

En tiempos de Somoza no hubo en realidad agresiones contra los periodistas. Pero hubo persecución constante.

Cornelio Hüeck, ex presidente del Congreso somocista, encarceló al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal…

Por una información que apareció en LA PRENSA que no le gustó a Cornelio Hüeck, le puso una demanda en Managua, pero allí no progresó, entonces le pone otra en Masaya, donde él manejaba a los jueces. Entonces ahí lo encarcelaron. Toda la redacción acompañó al doctor Chamorro, él se defendió, lo condenaron y lo metieron preso. Eso era una satisfacción personal de Hüeck, porque al doctor Chamorro no lo podían tener preso por mucho tiempo, menos por una cosa como ésa, porque inmediatamente se avisó a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), a la cual han respetado porque le han tenido miedo a sus pronunciamientos que irradian al continente. Esa vez, en Masaya, recuerdo que la juez se sentía atribulada porque sabía que aquello era una injusticia. Los jueces eran empleados personales de Somoza y de los altos somocistas. Cornelio Hüeck era un cacique en Masaya, se hacía lo que él quería.

Pedro Joaquín Chamorro había pasado muchas persecuciones terribles, torturas, como en 1954, cuando las acciones del tres y cuatro de abril, cuando lo condenaron a una pena exagerada, sólo porque estuvo en una reunión donde se habló de asaltar la Casa Presidencial, la Loma de Tiscapa y él no fue a delatarlos, porque la delación se había convertido para los somocistas en una virtud. Se delataban entre sí los oficiales de la Guardia para ganar méritos.

También es perseguido el doctor Chamorro, en septiembre de 1956, cuando Somoza García es asesinado…

Cuando es asesinado Somoza, ellos saben que el doctor Chamorro nada tiene que ver en el asesinato, ni siquiera se había dado cuenta, pero hicieron una orgía de venganza, tortura y sangre, se contuvieron en ese aspecto, de no repetir la matanza del 54, porque en aquel año sabían quiénes habían entrado con las armas. En el caso de la muerte de Somoza, empezaron a investigar a quienes podían estar comprometidos. Hasta que localizaron a los que estaban en realidad en la conjura. Se dice que la primera reacción de Anastasio Somoza hijo fue ordenarle a la Fuerza Aérea que bombardeara León. Pero el jefe de la Fuerza Aérea no estaba dispuesto a cumplir una orden tan bárbara. Se comunicó con Luis Somoza, quien aplacó a su hermano.

Durante la revolución sandinista, también la Seguridad del Estado acosó al Diario y a sus periodistas…

Desde que los sandinistas llegaron al poder, le pusieron una censura. Había que ir todos los días con los materiales al Ministerio del Interior, prohibieron que se pusieran fotografías, debía aparecer el periódico como si nada estaba pasando.

Paz en la República, pues…

En Varsovia reina la Paz, como dijo el mariscal ruso que asoló Varsovia. Y entonces, ellos exigían que debía aparecer siempre material informativo, entonces nosotros teníamos siempre material preparado, a veces la censura era tal, que las tres cuartas partes del diario eran censuradas. Llegaron a tal ridículo los censores sandinistas, que una vez LA PRENSA publicaría, como cosa muy curiosa, a un elefante esquiador. La quitó el censor porque dijo que eran “veleidades burguesas”.

Varios periodistas fuimos agredidos. Horacio Ruiz, por ejemplo, fue asaltado en Las Brisas y dejado tirado, golpeado en la Cuesta del Plomo.

La propaganda que hacían era insoportable, porque todos los días había un grupo de agitadores, temíamos que nos agredieran en nuestras propias casas. Yo vi con qué furia y con qué odio actuaban esas turbas sandinistas. Cuando asaltaron LA PRENSA en enero del 82, se creía que era una manifestación a otro lugar, todos se habían ido, menos yo, no pude sacar mi carro, y entonces me quedé allí, hubo unos disparos y empecé a llamar por teléfono a los dueños de LA PRENSA para que avisaran a la Policía, sin saber que era la Seguridad la que había hecho los disparos. En eso estaba cuando abren la puerta con violencia, y aparece un tipo armado, exigiendo que pusiéramos las manos arriba, viendo la actitud que él tenía le dije: “Ningún soldado valiente dispara por la espalda”. Entonces me contestó: “Pues yo sí disparo”.

En la crónica que escribí, dije que si tenía suerte oiría el disparo, y si no, ni eso. Me agarraron entre dos, me sacaron corriendo, creí que me iban a matar, pero no pasó nada. A la salida, Lenín Cerna me amenazó diciendo que si quería que me entregara a la gente, a las turbas. “¿Para que pidan mi cabeza?”, le pregunté. Varias veces al día me interrogaban en una de las cárceles subterráneas de la Loma de Tiscapa. Me preguntaban los investigadores que si sabía dónde estaba, y yo les contestaba que de qué me servía saber donde estaba.

Después Lenín Cerna me llamó una noche y me dijo que nos había presentado antes el poeta Guillermo Suárez Rivas, un antisomocista. “Platiquemos”, me dijo, “contra vos no hay nada, vos sabés que así son las revoluciones”. Eso me llenó de tranquilidad.

Este nuevo acto de violencia que se produjo contra LA PRENSA, ¿qué reflexiones le motiva a usted conociendo la historia de persecuciones en contra del Diario?

Esto no es ni más ni menos que las prácticas que utilizan los liberales cuando están en el poder. Y ahora, el grupo que no está en el poder, y que está haciendo las veces de oposición a su mismo gobierno, está buscando esas prácticas que son ya tradicionales en el liberalismo.

Las turbas nicolasianas, por ejemplo...

A esas turbas Somoza las mandó a destruir radios, periódicos, después cambió de táctica. Ya en el año 55, cuando el país está domado, después de la orgía de sangre de abril de 1954, entonces sacó una ley draconiana contra la libertad de expresión. Ya no necesitaba ni mandar a las turbas, ni mandar a los guardias para destruir un periódico, bastaba aplicar las leyes. Si no le gustaba una noticia, al reportero que la escribió le ponían una multa de mil córdobas. ¿Qué reportero se ganaba mil córdobas?… tal vez en seis meses. Y al periódico podían ponerle una multa de cien mil córdobas.

A LA PRENSA se le intentó poner multas que eran como una confiscación. Pero Somoza sabía hasta dónde podía torcer el brazo al contrario, para no quebrárselo, porque si se lo quebraba, se le acababa el negocio porque no tenía ya con quién pelear.

De modo que se están reeditando las amenazas del pasado…

Igual. Las turbas sandinistas imitaron las turbas nicolasianas. Y ahora están las nuevas turbas arnoldistas queriendo atemorizar a los periodistas y a los medios.

En el contexto de la desaforación de Alemán, ¿debemos prepararnos para nuevos actos de violencia?… Hay unos arnoldistas que dicen que éstos son destellos de lo que puede ocurrir…

Claro, ellos están ahorita en la etapa de la amenaza verbal, la azuzación, ahora ya no tienen la radio que les servía para insultar a todo el mundo. No dejaron de tener su éxito porque producto de eso es ese tipo que llegó a asaltar y a despotricar contra LA PRENSA. Esos son sus antecedentes. Entonces, han envenenado a ciertos sectores de la población. Le han hecho olvidar que el hambre que ahora sufre el pueblo se lo provocó el arnoldismo. El hambre que sufren ahora es consecuencia de un gobierno desastroso como el gobierno de Arnoldo Alemán. Del robo, del saqueo. Creo que ningún país ha sido sometido a un saqueo tan sistemático, preciso, severo y eficiente.

¿Cree usted que van a doblegar a LA PRENSA? En este sentido, ¿qué ha demostrado la historia?

LA PRENSA tiene el espíritu de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que es indoblegable. Fui su amigo porque no se puede estar equivocado cuando se defiende la libertad. En dos ocasiones, una vez estábamos reunidos varios de la redacción y nos dijo Pedro: “Un día de éstos, me van a matar”. Como estábamos muy alegres, pasó inadvertido, pero después él me lo dijo sólo a mí. Yo no le dije nada, porque decirle que desistiera era insultarlo, porque Pedro no estaba dispuesto a dejarse intimidar. Pedro era como Sócrates y bebió la Cicuta, pero nunca desmintió lo que defendió tanto, hasta con su vida.

CUARENTA Y TRES AÑOS DE DICTADURA DINÁSTICA

Mario Alfaro Alvarado está escribiendo en varios tomos un libro sobre los “43 años de historia dinástica” de la dictadura de los Somoza. Su idea es fundir historia con periodismo para rescatar del olvido la barbarie de aquel régimen.

“Somoza, antes de que lo mataran, había dejado a sus hijos bien montados. A Luis Somoza, como su heredero en el poder. Y a su hijo Tacho, en la Guardia Nacional, que era la fuerza que sostenía todo el andamiaje”, comenta.

Reflexiona: “En Nicaragua, nada es nuevo, tenemos una repetición constante, viciosa, de la historia”.

Del periodismo y la historia

Tanto Mario Alfaro como su señora esposa, Elena, sufrieron la persecución de la Seguridad del Estado sandinista, cuyos oficiales incluso les arrebataron su casa en Bello Horizonte, a inicios de la década de los ochenta. Desde su experiencia, Alfaro comenta la historia de LA PRENSA.

En la historia del país, LA PRENSA ha sobrevivido a una dictadura, a una revolución, terremotos, desastres naturales…

De todos los periódicos contemporáneos de LA PRENSA, no queda ninguno. Me refiero a La Noticia, Novedades, El Gran Diario, Flecha, El Centroamericano de León. Todos esos desaparecieron. Y LA PRENSA, después de tantas vicisitudes ahí está. LA PRENSA estuvo cerrada dos años en tiempos de Somoza. Y creyeron que con eso nadie la leería porque la gente se había desacostumbrado. Pero LA PRENSA volvió a aparecer y volvió a conquistar la confianza de los lectores. Y entonces LA PRENSA se ha convertido en un símbolo y los símbolos no se matan, ni se meten en la cárcel, ni se confiscan.

Ni son doblegados aunque lleguen a volar tiros a su Redacción…

Nunca. Un símbolo nunca se doblega. Son invencibles. Winston Churchill, a mediados de los cuarenta, inventó la V de la victoria, han pasado más de cincuenta años y la gente sigue haciendo la V de la victoria.

Usted ha combinado el periodismo y la historia. El periodismo escrito en las páginas de LA PRENSA, en sus 76 años. ¿Qué valor tiene para la historia?

Es una fuente muy importante para la historia.

¿Cuál es su apreciación del periodismo contemporáneo?

LA PRENSA ha evolucionado muy bien. Sin embargo, yo que me acostumbré a ese periodismo político intenso, que practicó Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, me parece que tratan de ser objetivos en el sentido de no mezclarse en política. Esto es muy relativo. ¿Qué cosa es no mezclarse en política? Cuando yo trabajé en LA PRENSA nunca estuve de acuerdo con que el periódico apoyara a ningún partido político. LA PRENSA debe ser independiente. Pero de eso, a desentenderse de la política hay mucha diferencia. Pienso que hay que informar y explicar los hechos políticos. ¿Qué nos estamos jugando en este momento? Dos cosas diametralmente opuestas: un cambio que nos lleve a una democracia de verdad o regresar a los tiempos de antes.  

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