Marcela SánchezWashingtonpost.com
Funcionarios de la administración Bush y del Congreso han venido sugiriendo de tiempo atrás que el domingo no podría llegar más rápido para Ecuador. Este día el electorado del país andino reducirá a dos un amplio abanico de candidatos, para una esperada segunda vuelta en noviembre.
Para enero, el nuevo gobierno estará ejerciendo ya sus funciones en Quito. El mensaje de Washington a Quito: ¡Apresúrense a votar!
Funcionarios que han trabajado con Ecuador en los últimos años afirman que han tenido suficiente con líderes cuyo estilo puede definirse mejor con la expresión “el que no llora, no mama”. Y llorar es lo que han sabido hacer.
Los ecuatorianos dicen que la frustración es mutua. Aseguran que han apoyado a Washington y a sus prioridades en la región más que cualquiera de sus vecinos. Pero a cambio sólo han recibido palmadas en la espalda o solicitudes de hacer todavía más de lo que se ha hecho.
El presidente Gustavo Noboa, instalado después de un golpe hace casi tres años, dejará el cargo el año entrante. Pero el actual problema en las relaciones entre Estados Unidos y Ecuador no es de personalidades ni de estilo sino de fondo. Asuntos más complejos están en juego.
Noboa, el antiguo vicepresidente, llegó al poder al mismo tiempo que los Estados Unidos planeaban incrementar sus esfuerzos antidrogas en la región andina, con mayor énfasis en el sur de Colombia, precisamente al otro lado de la frontera con Ecuador.
De repente, la pequeña nación de 12 millones de habitantes, que por años fue sobre todo un país de tránsito de drogas ilícitas, se alarmó con que la producción y la violencia de las drogas también se movieran hacia el sur. Funcionarios ecuatorianos se dedicaron a llamar la atención sobre el peligro, y fueron bastante efectivos.
El apoyo de Estados Unidos a Ecuador, que había sido el más reducido entre los principales países donde se producían o transportaban drogas, como mínimo se duplicó. Luego, casi con la misma rapidez, Ecuador pareció haber caído en desgracia.
Lo que sucedió podría vincularse directamente a los principales problemas del país: mal manejo y corrupción. La combinación de ambos podría explicar por qué un país que ha tenido una de las tasas de crecimiento más altas del hemisferio, en los últimos años continúa viendo subir su nivel de pobreza y desempleo.
Algunos de los que han tratado con varios países andinos en Washington a menudo se refieren a Ecuador como si fuera más deficiente, inmaduro, y miope que sus vecinos. Para ellos es claro que Ecuador no entendía cómo funciona Washington. Ésta es una capital donde América Latina lucha para ser tomada en cuenta. Las oportunidades son pocas y deben aprovecharse.
Funcionarios ecuatorianos, en cambio, mostraron una inclinación a desperdiciarlas, y ahora ambas partes parecen estar hablando sin que la otra escuche. No hay diálogo.
Funcionarios ecuatorianos argumentan, por ejemplo, que se les han negado los beneficios de la nueva Ley de Preferencias Arancelarias Andinas debido a una disputa pendiente con los poderosos intereses petroleros de Estados Unidos por razón de un impuesto al valor agregado.
Funcionarios estadounidenses responden que Ecuador debe hacer más para resolver las diferencias, mientras que otros sugieren que discutir el asunto tan intensamente no es prudente a largo plazo, teniendo en cuenta que el petróleo es esencial para su economía.
Ecuador, de manera persistente, luchó por obtener recursos antidrogas directamente para el país, en vez de agregar su voz a la solicitud de más ayuda para toda la región. La estrategia falló, y cuando el total de los recursos fue recortado, Ecuador terminó recibiendo menos de lo que esperaba. En esa forma perdió dólares potenciales, y potenciales amigos en Washington.
Altos funcionarios ecuatorianos aseguran que su país es el más seriamente amenazado por la expansión del conflicto civil de Colombia y los problemas de la droga en la región. Funcionarios de Estados Unidos dicen que no ven la evidencia para apoyar ese argumento. En cambio, a principios de este año, el informe antiterrorismo del Departamento de Estado criticó al país por no fortalecer suficientemente sus fronteras y desvirtuar su reputación de ser un “corredor estratégico” de municiones “destinadas a grupos terroristas colombianos”.
Ecuador ha tenido gestos importantes. Hace tres años, acordó permitirle a tropas estadounidenses lanzar operativos antidroga desde su base naval de Manta. Pero la decisión se ha convertido en un motivo para tildar a Washington de desagradecido.
La mayoría de los candidatos en la contienda electoral del domingo han prometido oponerse a la expansión de esos operativos en respaldo a los esfuerzos de Colombia en contra de violentos grupos colombianos antigobierno. Sin embargo, a pesar de ese campo fértil en descontento, la atención parece concentrarse más en asuntos menos polémicos como la lucha contra la corrupción y el aumento del empleo.
El asunto que más debe importarle al futuro jefe de Estado ecuatoriano será sin duda la estabilidad en su país. Después de todo, los últimos dos presidentes fueron destituidos debido al descontento popular. Familiarizarse mejor con el estilo de Washington no haría daño. Para el gobierno estadounidense la prioridad debiera ser la paciencia; y recordar que en los calendarios, al menos en esta capital, el domingo marca el comienzo de la semana, no el final.