- En la comarca Las Flores de Masaya y comunidades aledañas, a menos de 40 kilómetros de Managua, malviven dispersas, en los rincones y patios de sus ranchos unas 80 personas con discapacidad, de las cuales el 70 por ciento son menores de 18 años. El apoyo familiar que reciben es escaso por la pobreza, pero es casi nulo el respaldo institucional. A continuación, cuatro historias de esa tragedia campesina
Amalia [email protected]
Detrás del camino verde que lleva a Las Flores se cultiva un jardín de gente que nadie sospecha. Los ojos citadinos, acostumbrados a ver cuerpos mutilados y paralizados sosteniéndose en muletas y sillas de ruedas de limosnas en los semáforos, no pueden menos que sorprenderse con los cuadros tristes que hay en medio de esos parajes empolvados por las ruedas de los carros.
Para llegar a Las Flores se recorren siete kilómetros al sureste de Masaya.
Esa comarca conecta a otros ocho caseríos con los que comparte actividades económicas, escuela, centro de salud, medios de transporte, religión, y, en silencio, a unas 80 personas discapacitadas, que representan al 10 por ciento de la población, estimada en 8,000 por Visión Mundial, organización no gubernamental con presencia en la zona.
Esa ONG fue la que detectó a esa cantidad de minusválidos, a través de un diagnóstico rápido hecho este año. “Seguro hay más”, afirma Sonia Ortiz, promotora de la organización. En el país se prevé que por cada 100 habitantes 12 sobreviven con alguna discapacidad.
Síndrome de Down o mongolismo, retraso mental, parálisis en alguna parte del cuerpo, son los impedimentos más frecuentes, que afectan sobre todo a gente joven. De los casos hallados 51 son menores de 18 años. Otros 24 tienen entre 19 y 49 años. Apenas cuatro son mayores de 50 años.
A pesar de los prejuicios que dominan a los lugareños, 14 de los niños censados asisten a primaria y uno a preescolar.
OCULTOS
Como si fuera una maldición o un castigo proporcionado por Dios en esa población tan creyente, muchos de los discapacitados crecen metidos en sus ranchos, como flores vedadas de sol, privados de un trato normal.
Ortiz cuenta que por “desconocimiento” y “vergüenza” algunas familias los esconden hasta de los propios parientes.
Por falta de dinero, la mayoría —quizás ninguno— no recibe tratamiento médico o rehabilitación. Para ellos no existe asistencia institucional. Tampoco de ONG. A pesar que Visión Mundial los censó, no es su naturaleza apoyar a esa población especial.
Sin el morbo de la ciudad con la que no hay mucha distancia, pero con la misma urgencia algunos, sobre todo los viejos, sobreviven con la ayuda de los vecinos.
En la semana que pasó, los agricultores de Las Flores todavía preparaban la tierra para la siembra de postrera. Son grandes sus esperanzas de cosechar con las lluvias que faltan. El invierno allí ha dado pistas de que les cumplirá el deseo.
Atención —un anhelo más terrenal, que apela más a la voluntad humana— es lo que han esperado en todos los veranos de sus vidas los 80 discapacitados de esa comarca.
NOTICIAS RELACIONADAS
Nació sin brazos, pero se auxilia con su pie derecho
Madre e hijo con retraso mental
Su máximo sueño es ver la ciudad
“Pajarito” ahora goza de la libertad