Francisco López G.CORRESPONSAL / RÍO SAN JUAN
La mala ubicación y pocas condiciones de seguridad de gasolineras o puestos de venta de combustibles, ocasionaron el incendio más grande en la historia de Río San Juan, cuando la ciudad de San Carlos quedó en cenizas en octubre de 1984.
Todo inició en un taller de soldadura, contiguo a un puesto de despacho de gasolina del Ejército. Una chispa originó un incendio que se expandió al llegar las llamas a los almacenes de combustible.
Carlos Matamoros, oriundo de San Carlos y vecino del sitio donde comenzó la catástrofe, recuerda que “ese día a las 9 y 30 de la mañana, unos soldadores trabajaban al momento que otras personas trasegaban combustible de un recipiente a otro, y una chispa provocó el fuego que se propagó a otras casas y después al pueblo entero”.
Concepción Gross recuerda que las llamas iniciadas en el puesto de combustible del Ejército, se extendieron hasta llegar a las dos gasolineras de la época, una propiedad de Fidelmo Pilarte y la otra de Rosario Acosta.
Esas gasolineras no eran más que almacenes de combustible donde guardaban el líquido inflamable en barriles de 55 galones, sin las mínimas condiciones de seguridad ni previsiones para casos de emergencias por fuego.
El fuego también aumentó porque contiguo a los depósitos de gasolina improvisados, había una bodega de agroquímicos.
En Río San Juan todavía existen más de diez expendios particulares de combustible.
Lo barriles ardieron en segundos y saltaron por los aires propagando el fuego en toda la ciudad de San Carlos, por la falta de previsión de las autoridades que consintieron el almacenaje inseguro de inflamables.