- No saben qué es desarrollo sostenible, pero esperan reunirse en la intimidad con algunos especialistas en el tema
Beatriz LecumberriAFP
JOHANNESBURGO.- Nuevos vestidos, interminables horas de gimnasia y algunas palabras en francés o español: las prostitutas de Johannesburgo se preparan desde hace días para recibir a un mayor número de clientes de todos los lugares del mundo durante la Cumbre de la Tierra de la ONU.
“Esperamos que muchos delegados vengan a ver a nuestras chicas. Por eso hemos renovado un poco la casa: una capa de pintura, muebles nuevos y ropas sexy para las niñas, además un programa de fiestas muy especial”, explica a la AFP, Michael Moteéis.
Trabajan normalmente 35 chicas negras de entre 19 y 25 años, que han aumentado en estos días hasta 45. Pasar una noche con ellas cuesta 800 rands (80 dólares). Por invitarlas a una copa y verlas hacer un strip tease en el escenario se paga 100 rands (10 dólares).
“En los próximos días nuestras chicas irán a los hoteles y a los centros comerciales de lujo para invitar a los delegados a que vengan por la noche a nuestro club”, explica Moteéis.
Amy, una joven de 21 años, madre de un niño de cuatro, trabaja en el Calabash desde hace un año. Lleva seis horas en el club y ha bebido tanto alcohol con varios clientes que a medianoche apenas consigue hablar coherentemente. “Me han enseñado en la escuela que hay una reunión de desarrollo sostenible y espero que vengan muchos hombres importantes a vernos”, afirma.
Sus compañeras de oficio de las sórdidas calles de Johannesburgo comparten la misma esperanza.
“Pensábamos que con tantos hombres importantes y ricos en la ciudad, los clientes aumentarían, pero hay demasiada policía ‘limpiando’ las calles y patrullando. Eso los hace huir”, declara Vanessa, una bella mujer negra de 32 años, que trabaja en un cruce del barrio de Sandton desde hace ocho meses para alimentar a su hija de cinco años.
Efectivamente, según diversos organismos sociales, la policía sudafricana está expulsando a las prostitutas, mendigos y vendedores ambulantes de las cercanías del centro de convenciones Sandton, donde del 26 de agosto al 4 de septiembre, representantes de 189 países se reunirán bajo la égida de la ONU (Organización de Naciones Unidas).
El gobierno local también advirtió a los delegados del riesgo de buscar los servicios de profesionales del sexo en las calles, debido al SIDA y la violencia.
En sus ocho meses de calle, a Vanessa, que cobra “mínimo 150 rands” (15 dólares) por servicio, le ha tocado padecer a muchos clientes armados y a decenas de policías corruptos que exigen dinero o le obligan a mantener relaciones con ellos “a cambio de nada”.
“Siempre uso preservativos. Ya no soy una jovencita. En general prefiero los clientes blancos, son más fáciles de contentar y enseguida se van felices a los brazos de sus esposas”, asegura.
A pocos kilómetros de este cruce de Sandton, en el peligroso centro de Johannesburgo, Ángela se calienta alrededor de un fuego y busca clientes entre los escasos transeúntes que se arriesgan a poner un pie en la zona.
La joven dice tener 18 años, aunque a pesar del exagerado maquillaje y las provocativas ropas aparenta bastante menos. En la escuela le han enseñado que numerosos presidentes del mundo entero se reunirán en su ciudad para hablar de desarrollo sostenible, una palabra que sigue siendo un misterio para ella.
“¿Crees que vendrán a buscarnos a las calles o preferirán ir a un club privado?”, pregunta mientras mira con interés a los autos que disminuyen la velocidad cuando pasan por su lado.