Armando Arce Paiz
Quiero referirme a la columna de recopilación histórica de LA PRENSA hace 50 años, en la que recientemente se hizo mención sobre el brote epidémico de Fiebre Amarilla en Nicaragua. En esa época (julio 1952) fui descubridor del primer caso humano registrado en Muelle de los Bueyes en un campesino de montaña adentro.
Esa epidemia de Fiebre Amarilla selvática tiene sus características especiales, penetró al territorio nacional procedente de sur a norte cruzando el Río San Juan y salió por el Río Coco al norte.
Los casos que atendí fueron diagnosticados clínicamente y confirmados patológicamente en la biopsia hepática en el Hospital Gorjas de Panamá. Los óbitos acaecidos de esta mortal enfermedad en el departamento de Chontales, fueron tantos, igual a una devastadora guerra en la zona rural.
Además de descubrir otros más, no sólo en humanos, también en simios o monos congo que los exterminó en las selvas por donde pasó el virus amarílico. Al no existir tratamiento para la Fiebre Amarilla el Ministerio de Salubridad, de aquel tiempo, organizó brigadas de vacunación a toda la población campesina expuesta a contraer la enfermedad.
Desde entonces hace 50 años no se ha diagnosticado ningún caso de Fiebre Amarilla en el país. No se debe descartar la hipótesis que ahora con la alta proliferación del mosquito Aedes Aegyptis, puede surgir un brote de fiebre amarilla urbana, importado o autóctono.
Las condiciones son favorables, se puede condicionar que el dengue hemorrágico que también es viral y tiene el mismo vector del mosquito se correlacionan independientemente de las condiciones climáticas y/o ecológicas.
Médico Salubrista.