- Especialista señala que no pueden calcularse efectos de un derrame de petróleo
Mayda Isabel Meléndez [email protected]
Algunos geólogos aseguran que la tecnología relacionada con la exploración de petróleo ha avanzado tanto que este tipo de trabajo se puede realizar por medio de la emisión de “disparos” de aire tan rápidos y precisos que los peces ni siquiera se afectan.
No obstante, Kamilo Lara, asesor sobre temas de Medio Ambiente, asegura que la actividad petrolera conlleva un impacto ambiental, tanto en tierra firme, como en agua. Pero, reconoce que la fase de exploración ahora cuenta con mucha tecnología moderna que evita los daños que antes se causaban a la fauna y flora, entre otros.
“Hasta el momento no hay que preocuparse por la exploración”, asegura. Según sus cálculos, esta etapa se desarrollará en un 97.67 por ciento en el área marítima, mientras que el 2.33 por ciento restante se realizará en el Pacífico Sur y el Istmo de Rivas, principalmente.
Lara asegura que el borde fronterizo a la costa Caribe de nuestro país posee una amplia biodiversidad, pero lamentablemente Nicaragua no cuenta con una cultura de restauración ambiental.
“Por lo tanto, habrá que estar al pie del cañón para vigilar que las empresas participantes en la exploración y explotación petrolera cumplan con lo establecido por la legislación respectiva y las normas establecidas por las unidades ambientales de instituciones como el Instituto Nacional Forestal (Inafor), el Instituto Nicaragüense de Energía (INE) y otros”.
El especialista asegura que “hay que dejar de ser pesimistas”, lo cual no significa que se debe bajar la guardia, pues, a su parecer, durante la explotación se debe exigir el estricto cumplimiento de la legislación y, por supuesto, garantizar la indemnización por algún daño.
DAÑOS INCALCULABLES
Lara comentó que es difícil calcular los daños que provocaría un derrame de petróleo. En principio, considera que en los ingresos reflejados en las estadísticas nicaragüenses no se toman en cuenta los desgastes propios de la naturaleza.
A manera de ejemplo, señala que cuando se corta un árbol y se vende la tuca en 100 córdobas, por decir una cifra cualquiera, “no es cierto que esa madera cueste 100 córdobas, pues en ese precio no se incluyó el cálculo del período de reforestación, la erosión del suelo donde creció el árbol, etc.”.
Indicó que a pesar de que Nicaragua ha estado actualizando estudios en materia ambiental, no existe información pública al respecto, ni existen sistemas de monitoreo y evaluación que permitan dar seguimiento al daño que algunas empresas pudieran estar causando en su entorno ambiental.