- Ejecutivos de la compañía de telecomunicaciones declararán ante el Congreso por fabulosa manipulación fraudulenta
EFE
WASHINGTON.- El Gobierno y el Congreso de EE.UU. están decididos a responder con dureza ante el escándalo financiero protagonizado por la segunda telefónica del país, WorldCom, para que no se repita una situación que amenace la estabilidad económica.
Además, la Administración de George W. Bush quiere prevenir que este caso, similar por sus proporciones al que protagonizó hace unos meses el gigante energético Enron y la auditora Arthur Andersen, se convierta en una amenaza política para los republicanos de cara al proceso electoral que comienza en noviembre próximo.
La crisis de esta operadora de telefonía ha reactivado también las presiones políticas para aumentar el control de los mercados y evitar nuevos sustos que afectan a millones de pequeños inversores.
WorldCom —propietaria de MCI, la segunda mayor empresa de comunicaciones de larga distancia en EE.UU.— admitió a comienzos de esta semana que contabilizó de manera inadecuada 3,800 millones de dólares en gastos para hacerlos figurar como ganancias, contando de nuevo con la complicidad de Andersen.
Al respecto, el secretario del Tesoro de EE.UU., Paul O’Neill, pidió enjuiciar a los ejecutivos de WorldCom “con todo el peso de la ley”, por su responsabilidad en la gestión fraudulenta de la compañía.
En el Congreso, el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes citará al ejecutivo principal de WorldCom, John Sidgmore, y al ex presidente de la compañía Bernard Ebbers para que expliquen el 8 de julio las manipulaciones contables en esa empresa.
Otros comités legislativos, el de Comercio y Energía, y el Subcomité de Investigaciones, han ordenado a WorldCom que entregue, a más tardar el 11 de julio próximo su lista de archivos financieros.
El presidente ejecutivo de WorldCom, John Sidgmore, ha prometido colaborar en la investigación del Gobierno sobre el fraude contable cometido en el seno de su empresa.
En una carta enviada al presidente George W. Bush el jueves, y dada a conocer un día más tarde, Sidgmore dijo que la gerencia de su empresa está igualmente “sorprendida e indignada”.
El supervisor de los mercados bursátiles ha presentado una denuncia por fraude contra esa empresa que emplea a 80,000 personas y presta servicio a más de 20 millones de personas, y cuyas acciones se han derrumbado en los mercados de valores.
PLAN DE “RESPONSABILIDAD CORPORATIVA” DE BUSH
El presidente estadounidense, George W. Bush, recordó ayer a los responsables de las empresas que su responsabilidad va más allá de maquillar la contabilidad de las compañías, y aseguró que urgirá al Congreso para que apruebe su plan de “responsabilidad corporativa”.
En la resaca del escándalo de manipulación de cuentas de WorldCom, y con otro revelado ayer por Xerox, Bush señaló que los ejecutivos tienen la “responsabilidad de ser honrados y francos con las cuentas”.
El presidente insistió en que los directivos de las grandes empresas “tienen que entender que hay una misión mayor que manipular los números, dejar caer mil millones aquí o allá, y esperar que nadie se dé cuenta”.
En un acto político celebrado en Washington, Bush aseguró que “no estoy preocupado por las bases de nuestra economía. Creo que son muy fuertes”, pero sí constató que EE.UU. “está preocupado” por si las cifras que divulgan las empresas “son reales”.
CONSECUENCIAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS
El superávit presupuestario alcanzado durante la Administración de Bill Clinton se ha evaporado y ahora han vuelto los números rojos, además de que sigue aumentando el déficit comercial, las empresas siguen despidiendo a trabajadores, y la fortaleza del dólar ha empezado a verse afectada.
Todo ello, según los analistas políticos, puede empezar a hacer mella en la popularidad de Bush e inducir a que muchos estadounidenses piensen que la economía no va todo lo bien que la Casa Blanca dice y que tampoco el presidente cumple con la promesa de hacer todo lo posible por reconducirlos a la prosperidad.
Una de las mayores preocupaciones de las autoridades estadounidenses es el impacto que este nuevo escándalo pueda tener sobre la evolución económica del país, que no termina de despegar y que pese al aumento del Producto Interior Bruto (PIB) en el primer trimestre del año tiene complicaciones en el horizonte.
Entre enero y marzo de este año, el PIB de EE.UU. alcanzó un índice del 6.1 por ciento.