Eduardo Gutiérrez N. [email protected]
De las páginas de la Biblia podemos extraer el comportamiento de hombres y de mujeres considerados como héroes, defensores de la justicia social, siempre velando por el pobre y desvalido, no ponían oídos sordos al acontecer nacional, nunca se inclinaron ante los gobernantes, al contrario los exhortaban a enderezar su derrotero para beneficiar a los más desposeídos.
Los profetas eran seres bien extraños, de pronto aparecían con mensajes que hacían que la sociedad en que vivían la pensara dos veces antes de continuar en mal vivir. ¡Cuánto deseáramos que en este país, ocurriera lo mismo! Que de nuestra Iglesia Evangélica saliera una expresión profética que toque los puntos medulares, que haga reconocer que gobernante y gobernados estamos equivocados; pero hasta ahora todo ha sido un completo silencio.
Hemos estado como espectadores ante lo que sucede, mientras que Habacuc en su expresión profética está dolido por lo que ocurre y lo expresa con profunda intensidad: ‘’la ley se debilita y el juicio no se ajusta a la verdad, el impío asedia al justo, y así se tuerce la justicia’’ (Habacuc 1:2-4).
En nuestro país han pasado muchas cosas, todas dadas a conocer a luz pública, escándalos de corrupción a niveles de gobierno, encarcelamiento de personalidades en que pareciera que algunos se consideran ser injustos, el impuesto al azúcar, el ajuste tributario, el Presupuesto General de la República, donde se cree que aun ONG evangélicas tendrán que tributar, el caso de las elecciones en la RAAN y la RAAS y últimamente el caso de la desaforación de conocidas personalidades.
En ninguno de estos casos hemos escuchado la voz de nuestra querida Iglesia Evangélica representada por las instancias respectivas con una Carta Pastoral que nos haga reflexionar. Como Pastor, me parece saludable que las instituciones que nos representan tocaran puntos sensibles de la vida nacional desde la perspectiva de la Palabra de Dios.
Necesitamos de justicia social. Los pobres que son los protegidos de Yahvé viven en miseria, mientras que en este país la opulencia es notoria, la ley se invalida cuando con prepotencia se alega inmunidad, como si fuera una carta para cometer impunidad, mientras el libro de Miqueas expresa: ‘’¡Ay de los que piensan iniquidad en sus camas y maquinan el mal, porque tienen en sus manos el poder!’’.
La Iglesia Evangélica tiene que orar pero también debe hablar, Dios quiere que hagamos uso del habla y más cuando ésta procede de su Palabra.