Jean-Pierre GalloisAFP
SEÚl.- Desde que empezó el Mundial de fútbol, el público de los estadios surcoreanos y japoneses puede ver en pantallas gigantes la repetición de las principales acciones, incluso a cámara lenta, algo no autorizado en otros torneos so pretexto de proteger el arbitraje.
La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) aceptó, sin aparente entusiasmo, esta innovación en fase final de Copa del Mundo tras un debate interno “al más alto nivel” en el que se analizaron las ventajas e inconvenientes antes de decidirse.
La FIFA previó sólo la posibilidad de prohibir puntualmente acciones de partidos susceptibles de riesgo.
El portavoz de la FIFA, Keith Cooper, reconoció que estas repeticiones podían dejar al árbitro en una situación delicada respecto a los jugadores y al público cuando evidenciaban desde todos los ángulos que había cometido un error manifiesto.
Esta medida puede parecer injusta, sobre todo teniendo en cuenta que la FIFA sigue negándose, pese a las presiones, a que los árbitros recurran al vídeo antes de tomar o validar una decisión, tal como se hace ya en otros deportes como el rugby.
“Los propietarios de estadios han invertido mucho dinero en la instalación de ultra sofisticadas pantallas gigantes con miras a garantizar al público un espectáculo completo. Sería frustrante para ellos que les prohibiéramos utilizarlas”, explicó Keith Cooper.
Al principio, la FIFA pensaba dar una autorización selectiva.
“Se autorizaría únicamente la repetición de acciones no susceptibles de controversia, previa supervisión a cargo de un súper árbitro que expurgaría las imágenes que pudieran dar pie a polémica”, dijo el portavoz.
“Sin embargo, figúrense que se transmite un gol al principio del partido, el tanto del empate durante el encuentro, hasta ahí sin problemas, pero a unos minutos del final se decide no difundir el gol de la victoria so pretexto que las imágenes evidenciarían que ha sido inconforme. Sería todavía peor” indicó.
Según Keith Cooper, fue el presidente de la FIFA en persona, Joseph Blatter, quien descartó esta eventualidad al decidir que había que mostrar “todo o nada”. Y entre ambos extremos optó por el primer término de la alternativa.
“Hay que tener en cuenta el interés de los espectadores que pagan cara su plaza o la tribuna y que exigen con razón disfrutar, además del ambiente, de un espectáculo tan elaborado como el que tendrían en casa, delante de su televisor”, agregó.
Se pueden introducir excepciones puntuales a esta regla cuando se trate de partidos susceptibles de engendrar riesgos o cuando un incidente de arbitraje, agrandado por la cámara lenta, podría generar disturbios, subrayó Keith Cooper.