- Hablar de la vieja Managua es un tema infinito para quienes vivieron en la desaparecida ciudad.
Todos se empecinan en contar hasta en sus mínimos detalles lejanías que en su mayor parte fueron venturosas, porque ahí vivieron la edad de oro de la infancia y en sus manos se posó la estrella luminosa de la juventud.
Mario Fulvio Espinosa Especial para LA [email protected]
(Primera de dos partes)
“Fue don Gratus Halftermayer un caballero sumamente culto, dominaba varios idiomas, amaba el periodismo, la música, la poesía, y además dominaba a la perfección diferentes técnicas pictóricas. Era afable y delicado en el trato con las demás personas, gentil y caballeroso con las damas.
“Esas virtudes espirituales se reflejaban en su personalidad física. De baja estatura, talla fina, pelo castaño, rostro expresivo de penetrantes ojos grises. Aunque era pobre, procuraba siempre vestir con corrección y elegancia”.
La figura de “El primer cronista de Managua”, don Gratus Halftermayer, permanece actual en la mente del doctor Eduardo Conrado Gómez, quien afirma que hablar de la vieja capital destruida por el terremoto de 1972, es traer al primer plano a don Gratus, “pariente mío por ser primo de mi abuelo materno Guadalupe Gómez, y visitante perenne de la casa que mis padres poseían en la Avenida Bolívar”.
Frente a sendas tazas de café que despiden un aroma delicioso, nuestra conversación continúa sobre el mismo tema. “Don Gratus era un gran conversador, y yo, como niño, me embelesaba escuchando sus historias que casi siempre hacían referencia a personajes, mitos y anécdotas de su querida Managua.
“Pero también ‘el tío Gratus’ era un gran bohemio, porque en esos tiempos no se concebía que poeta, artista o intelectual le negara devoción al dios Baco. Así, don Gratus integraba a menudo tertulias con Emilio Quintana, Manolo Cuadra y otros escritores, y pasaba por períodos alcohólicos depresivos a los que la gente llamaba “parrandas”.
“En las visitas a nuestra casa se aprovisionaba de ‘Galletas Corazón’ que compraba en la Panificación Vargas, del Barrio de San Sebastián, para repartirlas entre la gente menuda.
“Una tarde cuando con mi hermana Nina jugaba en la acera de la casa, vimos venir al ‘tío Gratus’ subiendo por la Avenida Bolívar, venía con sus traguitos, y al cruzar la avenida, por la esquina de las Camas Luna, un vehículo lo atropelló. Lo vimos saltar por encima de la coraza, caer sobre el guardafango y después al pavimento. Corrimos a socorrerlo junto con otros vecinos, pensando que ya estaba fallecido, pero para nuestra sorpresa se puso a gatas, se levantó, sacudió su traje y comenzó a caminar hacia nuestra casa donde lo atendimos, y notamos que sólo tenía una pequeña herida en la frente, la cual lavamos y curamos.
“Dijo que había salido ileso debido a su gran vitalidad, pero para mí que le ayudaron los nepentes.
“Para ese tiempo, don Gratus vivía en el Barrio de San Sebastián, frente al ‘Rollinping’, que era una fábrica de paletas de leche de los Lacayo Barreto, cerca de la carrilera. Yo no le conocí descendencia, pero creo que todavía vive, no sé dónde, un sobrino de él llamado Fidias Halftermayer, que fue secretario de los juzgados hará unos treinta años”.
INOLVIDABLE BARRIO DE SAN ANTONIO
Su primera intención era hablar del Barrio San Antonio y sobre todo de la Avenida Bolívar, ¿por qué?
Porque yo nací en ese barrio, allí crecí, y en la Iglesia de San Antonio me casé con Guiselle Guerrero Castellón, del mismo barrio, con la que tengo 35 años de vida matrimonial, y porque además vivimos en San Antonio, Texas, en los Estados Unidos. Estamos pues muy ligados con San Antonio, el santo casamentero.
Nací en el año 37, y en esos tiempos la Avenida Bolívar comenzaba en el Parque Infantil hasta llegar a la Calle Colón, donde era el Club de Clases de la Guardia Nacional. Pero quiero referirme a mi vecindario, el que se situaba entre la avenida mencionada y la Calle 15 de Septiembre.
En la intersección de la Bolívar con la 15, en la esquina noroeste, estaba el laboratorio Solka, de la familia Solórzano Marín, en la esquina opuesta abría sus puertas “La Dodge” de la familia Retelny, donde vendían autos y repuestos para vehículos de esa marca. Cerca estaba el taller de Mr. Cooper, un alemán que abría cerraduras y hacía llaves.
Mr. Cooper era de los Adventistas del Séptimo Día, se trasladaba en una camioneta pequeña desde la cual repartía abiertamente una revista que se llamaba “La verdad os hará libres”. Se entiende que en esa época predominaba cierta intolerancia religiosa, por lo cual aquello era un reto. Y era tanto así, que una vez yo llevé esa revista a mi colegio, los Hermanos Cristianos, y se hizo un escándalo. Lo menos que conseguí fue que el hermano Argeo hiciera pedazos la publicación.
Una cuadra al sur de La Solka se localizaba la fábrica de “Camas Luna”, de don Enrique Luna —casado con doña Amanda Chamorro— persona a quien siempre recuerdo con cariño. Era el padre de mis amigos, los siete hermanos Luna Chamorro.
Fue don Enrique un hombre innovador, comenzó haciendo camas de hierro con colchones de algodón, superando así a la tijera de lona y al camastro de cuero que eran los muebles de alcoba tradicionales. Después hizo camas de suncho y de resortes horizontales, después usó el entorchado de acero y luego los resortes verticales, hasta culminar en el moderno colchón tipo Simmons que se vende en toda Centroamérica. Así prospero económicamente y fue uno de los primeros que trajo una desmotadora a Nicaragua.
También me decía que era vecino de unas muchachas que eran muy bellas.
Sí. Frente a las Camas Luna vivían don Gustavo Báez y su esposa Adelita, la familia se componía, además, de un hijo y de seis mujeres. “Las Báez” eran muchachas muy admiradas por su belleza y por su integridad. Todos los muchachos del barrio éramos enamorados platónicos de ellas, Sus nombres eran, Violeta, una pintora muy reconocida, Adelita, Nidia, Miriam —de la que dice el padre Cardenal en sus memorias que venía desde su barrio a admirarle su belleza— Agnes y otra cuyo nombre no recuerdo, vive en Estados Unidos y es casada con el Quebracho Solórzano.
Otro grupo de muchachas encantadoras vecinas nuestras, eran las Mejía, como eran un hermano y once hermanas, la gente decía que el hermano “era el único hombre que vivía entre once mil vírgenes”.
Para ubicar mejor esa parte de la Bolívar de que hablo, diré que mi madre era dueña de la “Tienda Bolívar”, lugar donde yo nací, frente a las Camas Luna. En esa esquina fue asesinado el doctor Pedro Joaquín Chamorro, después se construyó un monumento y aún está el poste de luz donde fue a estrellarse el carro de Pedro, y ahí murió después de haber sido tiroteado.
También todavía está cerca del monumento el palo de mango de la casa de los Quiñónez, ese árbol estaba en el traspatio, y las frutas caían en el patio nuestro, y así nos beneficiábamos porque sus frutos eran deliciosos.
Otros vecinos cercanos de esa cuadra —la que iba de las Camas Luna hacia el sur— eran las familias del doctor José Antonio Sánchez Vigil, con sus hijos, Marianita, Manuel, Alberto, Sánchez Sanders ahora; estaba también la familia del doctor Ignacio Miranda, casado con una señora Chamorro, que son los padres del doctor Ignacio Miranda Chamorro y de dos hijas, Haydée y Susana, y más, hacia la montaña, vecina a nuestra casa, estaba la Galería Praxis, tres casas más al sur vivió el doctor Tirso Zeledón, que también tenía hijas muy bellas como Claudia y Angelita, y los hijos, amigos nuestros, Paco y Tirso.
La primera tanda de mis hermanos nació en la casa esquinera que ocupó la tienda de mi madre, doña María Gómez, la otra tanda nació a la media cuadra hacia el sur, en la casa que fue oficina de mi padre, el doctor Eduardo Conrado Vado.
EL VECINDARIO
-Frente a la casa de Conrado Gómez vivían don Adolfo Lacayo Hurtado y doña Chonita Hurtado de Lacayo, padres de doña Maruca Lacayo que se casó con el doctor Joaquín Cuadra Chamorro. Ahí nació el general Joaquín Cuadra Lacayo.
-También fue vecino del doctor Eduardo Conrado el abogado Enrique Cerda, casado con doña Amanda Ramírez, hija del sabio Miguel Ramírez Goyena, ambos abuelos del doctor Rafael Solís Cerda
-“Más hacia el sur estaba la familia Conde, y después una casa de dos pisos que era de una hija o hermana, no estoy seguro, del general José María Moncada
-En una casa de apartamentos vivía Luis Felipe Hidalgo, el dueño de Radio Panamericana. Él trajo a Pedro Vargas, Agustín Lara, Tin Tan y a la hermosísima Tongolele.
¿QUIÉN ES CONRADO GÓMEZ?
En la actualidad el doctor Conrado Gómez es director de Programas Internacionales del Alamo Community College District, en San Antonio, Texas. Además, es consultor del Proyecto Piloto de Capacitación de la Cámara Nicaragüense de la Construcción, de la Universidad Americana (UAM) y del Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE)