Hidetoshi Nakata, la principal figura del fútbol japonés, tiene sobre sus hombros la misión de hacer avanzar a la tropa local.

¿Puede el fútbol cerrar la brecha?

El Mundial ayuda a superar recelos históricos Antonio MélichACEPRENSA/Ashiya Conociendo la agitada historia de las relaciones entre Japón y Corea del Sur, nada parecía menos apropiado que organizaran conjuntamente el Mundial de Fútbol. Muchos japoneses desprecian a los coreanos y muchos coreanos odian a los japoneses. Pero si la decisión de la FIFA en 1996 […]

  • El Mundial ayuda a superar recelos históricos

Antonio MélichACEPRENSA/Ashiya

Conociendo la agitada historia de las relaciones entre Japón y Corea del Sur, nada parecía menos apropiado que organizaran conjuntamente el Mundial de Fútbol. Muchos japoneses desprecian a los coreanos y muchos coreanos odian a los japoneses. Pero si la decisión de la FIFA en 1996 fue arriesgada, los esfuerzos de coordinación de los dos países anfitriones están contribuyendo a derribar barreras y mejorar las relaciones entre ambos.

Ciertamente la organización del Mundial ha representado una verdadera carrera de obstáculos, repleta de rivalidades y malentendidos. Japón ha sido quizá el que más ha sufrido en ese proceso, porque la decisión le vino impuesta desde arriba —debido al juego político de la FIFA—, cuando estaba ya prácticamente en la recta final para conseguir ser elegido como anfitrión único.

De todos modos, a pesar de las antipatías y recelos crónicos entre los dos países, estos son tiempos nuevos: los dos son democracias, los dos han sufrido una depresión económica después del boom de los años 80 y mediados de los 90, y los dos tienen una generación joven que ni conoce ni se preocupa mucho del pasado. No es tiempo de ajustar antiguas cuentas.

El inicio de esta aproximación está en la visita de Estado a Japón del presidente coreano Kim Dae Jung en 1998. En esa ocasión los dos gobiernos, en una declaración conjunta, prometieron mirar al futuro y superar los desafortunados sucesos históricos entre los dos pueblos. Como primera medida, Corea del Sur anunció que levantaría gradualmente la disposición, existente desde la guerra mundial, que prohibía la distribución de productos de la cultura popular japonesa: películas, manga (comics), funciones y conciertos de artistas y cantantes japoneses…

Según una encuesta llevada a cabo por el diario japonés Mainichi Shimbun y el coreano Chosun Ilbo, alrededor del 70% de los japoneses sienten afinidad por Corea, mientras que el 35% de los coreanos dicen que sienten afecto por Japón y el porcentaje crece a medida que los contactos aumentan.

Las relaciones entre los dos países ciertamente han mejorado mucho en los últimos años. Los jóvenes de ambos países, que solo conocían al otro por lo que estudian en los textos de historia, se sorprenden al comprobar que la realidad actual es muy diferente y no les cuesta hacerse amigos.

Quizás sea exagerado afirmar que todo esto se debe al deporte y la música. Pero ciertamente tanto el Mundial como la liberalización de la cultura popular japonesa representan un paso de gigante hacia el futuro de las buenas relaciones entre los dos países  

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