Amalia Morales [email protected]
A las seis de la mañana Lourdes Oporta, de 10 años, está en pie. No para ir a la escuela, como podría esperarse, sino para trabajar.
Hasta las 10:00 de la mañana ella vende pollo frito en bolsa en la terminal de buses del Mercado de Mayoreo de la capital.
De ahí, sale en carrera para la nueva escuela que hay en el barrio, hecha para menores trabajadores como ella.
La Escuela “Reinaldo Antonio Tefel” no le exige a Lourdes uniforme, tampoco “contribución voluntaria”. En cambio, es flexible con su horario de trabajo.
Además, el centro educativo compensa sus limitaciones brindándole a ella y a 230 niños más algunos útiles escolares, que son patrocinados por la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
La Unicef apoya a los niños que laboran como Lourdes, como una manera de contribuir a la erradicación de las peores formas de trabajo infantil.
Para hacerlo se inició en el trabajo adelantado de la organización no gubernamental “Terre des hommes” (Tierra de hombres) de Italia.
El representante de esta ONG italiana, Mauro Morbello, contó que la relación con los niños trabajadores del Mayoreo comenzó hace unos tres años.
A la fecha atienden, en proyectos de salud y educación, a unos 400 de los 650 que laboran en ese sector comercial.
El proyecto más reciente fue la escuela, cuya construcción arrancó en julio del año pasado.
La inversión de 38,000 dólares que hizo la ONG italiana empezó a funcionar en este año lectivo, justo detrás del mercado, en el Barrio María Auxiliadora.
El edificio educativo, que por fuera parece una casa familiar, queda a escasas tres cuadras del mercado.
Para Lourdes Oporta, que ahora se dedica a la venta callejera, pero de adulta se ve detrás de una computadora, es fácil llegar y estudiar su tercer grado.
La escuela enseña a niños y adolescentes de entre seis y 16 años, detalló Ivania Loáisiga, directora del centro educativo, a quien también le tocó trabajar desde niña.
Otra ventaja del centro es que allí mismo brinda atención médica a los menores.
Cifras extraoficiales estiman que en el país trabajan cerca de 300,000 niños. Muchos de ellos son analfabetos.