- Boaqueños, ¡abran los ojos!
Ana Luvys U.Especial para LA [email protected]
BOACO.- La cantidad de denuncias en las cuales se da a conocer que les venden cobre por oro, tiene alarmada a la jefatura policial, informó el vocero policial, capitán José Antonio Picado.
Este tipo de estafa ya es muy común en la ciudad, y su característica es la venta de supuesto oro que resulta ser raspadura de bronce. Cuando las víctimas informan el caso ante la Policía, los estafadores ya desaparecieron de la escena.
La campaña radial para los ciudadanos “No se dejen engañar de estos antisociales” parece no tener efecto, porque ese tipo de delitos sigue ocurriendo a diario.
El capitán Picado considera que sólo la mitad de estos casos son denunciados y el resto guarda silencio por vergüenza.
NO ERA ORO
El taxista Donald Antonio Reyes, denunció que fue abordado por un sujeto alto, moreno, pelo negro crespo, que le pidió que lo llevara a dar varias vueltas por la ciudad, y que posteriormente lo dejara en un prostíbulo.
Al dejarlo en el lugar indicado, el pasajero le dijo que no andaba plata, proponiéndole pagarle con una pulsera, una cadena y un anillo de oro, pero a cambio el taxista tenía que devolverle doscientos córdobas y el reloj que andaba en su muñeca, que estaba valorado en trescientos.
El hombre se admiró al ver brillar tanto oro, que entregó el reloj y el dinero que le pedían a cambio de quedarse con las supuestas prendas de oro. Cuando se las llevó y las vio con más calma, de dio cuenta de que ya no brillaban, por lo que denunció el caso ante la Policía Nacional.
DOS CASOS MÁS
La Policía Nacional dijo que el nueve de enero capturó a Santos Eduardo Arias, originario de San Isidro (Matagalpa), al momento que pretendía vender dos cadenas doradas en el Barrio San Miguel, al ridículo precio de doscientos córdobas, lo que admiró a los clientes, quienes llamaron a varios policías que lo capturaron, mientras los dos cómplices que lo acompañaban huían del lugar.
Otro caso similar es el de Isayda Soza Guzmán, quien se encontró con una mujer desconocida que le pidió ayuda para cobrar una supuesta deuda a un doctor de la ciudad, pero que le dejara algo de valor, y se sacó 521 córdobas y el reloj Seiko que usaba, valorado en 1,120 córdobas.
Como habrán adivinado, no existían ni la deuda ni el doctor.