Mujeres cadetes

Cuando Angélica María Zúñiga Moreno terminó la secundaria se dio cuenta de una realidad. Su familia, aunque quisiera, no podía costearle una carrera universitaria. “Las causas por las que entré aquí es porque te brindan los estudios y yo tenía problemas económicos”, narra Zúñiga. Fue entonces el 21 de enero del 1998 que ingresó a […]

Cuando Angélica María Zúñiga Moreno terminó la secundaria se dio cuenta de una realidad. Su familia, aunque quisiera, no podía costearle una carrera universitaria. “Las causas por las que entré aquí es porque te brindan los estudios y yo tenía problemas económicos”, narra Zúñiga. Fue entonces el 21 de enero del 1998 que ingresó a la Academia, año en el cual únicamente había una mujer cadete. No fue fácil para ella dejar a su abuelita, tampoco para su abuelita fue buena idea que su nieta fuera a vivir a un sitio donde el 1998 por ciento eran varones. ¿Qué estoy haciendo aquí?, se preguntaba con frecuencia. “Tenés que terminar cuatro años para que te podás independizar”, se respondía ella misma.

Seguramente Zúñiga se hacia la pregunta porque las condiciones, el tiempo, los hábitos entre otras cosas no son iguales a la vida civil una vez dentro de la Academia.

El cambio viene a romperte esquemas si no estás acostumbrada a tener una vida disciplinada y ordenada. Eso lo podemos ver con sólo dar una miradita a los cuartos de los cadetes. Seguramente ninguno era tan ordenado y nítido con sus cosas cuando estaban en su hogar. Posiblemente los varones y unas cuantas mujercitas no tenían el hábito de hacer la cama, o bien de lavar, planchar, acomodar su ropa y lustrar los zapatos. Mucho menos levantarse a las cinco de la mañana a hacer ejercicios. Quizás sí se tenía la costumbre de bañarse a las seis de la mañana, pero sólo en el baño, no con tres o cuatro compañeras a la par. El baño, aunque está reluciente de limpio, no tiene una división que te permita privacidad.

Ésa es una idea de las costumbres que se tienen que ajustar a tu vida si decides ingresar al Centro Superior de Estudios Militares (CSEM). Agregándole a esto, la ausencia de tus padres, la falta que te harán tus amigos, las fiestas, y por qué no, de tu media naranja. Hay 18 mujeres que decidieron enfrentarse al cambio. No todas por la misma razón, no todas en las mismas circunstancias. Pero al fin y al cabo todas tienen un mismo sentir: el amor a la patria.

En cuatro días, el sueño de independizarse, para Zúñiga se hace realidad, pues ella es una de las tres mujeres que el 18 de diciembre dejan de ser cadetes para obtener su grado de teniente, lo que automáticamente le garantiza un puesto laboral en el Ejército. Además, ahora le es posible contribuir con los gastos de su casa. Pero no sólo eso. Zúñiga ganó más que una licenciatura en artillería antiaérea, porque aprendió a ser ordenada, a no temerle a nada, y a formarse como líder.

Líder de grupo

Como cadete del último nivel, ella es quien vela, de cierta forma, por las 18 mujeres del centro. Ella es quien responde por el orden, la nitidez, la disciplina del cuartel de las mujeres. Un cuartel amplio, con el espacio necesario para que quepan nueve literas. El cuarto es de color rosado para darle un toque más femenino, con una salita en la que comparten momentos de descanso, cuentan con una TV que las distrae en los pocos tiempos libres y anaqueles justos y necesarios para dos o tres uniformes y dos pares de zapatos.

A Zúñiga recurrieron todas esas jóvenes que en algún momento no pudieron asistir al matutino por presentar dolores en el vientre en el período de su menstruación, para que ella le comunicara de su ausencia al responsable del grupo.

Pero no sólo las mujeres recurrían a ella, sino también los varones (de niveles inferiores), que en algún momento necesitan la orden, permiso u opinión de ella.

Los varones dentro de la Academia no deben ni pueden demostrar el mínimo sentir machista, ya que todos son capacitados por igual, sin contemplaciones a las mujeres por eso del sexo débil ni con recargo de trabajo a los varones por ser machos.

Contiguo al baño, también de color rosado, hay una puerta que conduce al lavadero y al tendedero. Tendedero que sólo exhibe ropa militar por supuesto.

“Yo estoy clara que en un combate puedo morir, pero no me importa porque sé que estoy cumpliendo una misión para la patria. Es mi patria la que estoy defendiendo”, asegura la líder. Para Zúñiga lo más bonito de la vida militar son las experiencias con sus compañeros.

Ahora le apasiona la artillería antiaérea, “en el momento que se dé un ataque aéreo, yo ordeno a los jefes de piezas que realicen el tiro contra el avión enemigo”. Sin embargo, asegura que lo que más le costó fue la materia de Táctica Militar, que es la forma de organizar y planear un combate. Pero sus sueños siguen, y este año próximo tiene planes de estudiar inglés. En este período de estudios, Zúñiga fue parte del equipo de tiro e integrante del equipo de voleibol.

“¡¿Cómo?! ¡Yo me lanzo!”

El caso de Carmen María Salgado Silva, de 21 años, es totalmente diferente. Desde los 13 años esta jovencita se ponía con un arma a cazar y a practicar tiro al blanco. Sin embargo no pasó por su mente que algún día ella pudiera ser una experta en la materia. Quizás por eso se dispuso a trasladarse desde León hasta Managua para estudiar en la UNA. Pero un día vio un anuncio en la TV, en el cual pudo observar que una mujer estaba “llenándose de gloria por ser teniente”. “¡¿Cómo?!, ¡yo me lanzo!”, fue la expresión que salió de inmediato. Actualmente Salgado concluye el segundo año. Todo este tiempo le ha servido para cultivar la disciplina y el orden, “porque cuando estaba en mi casa era un desastre”. Ser más sociable y ser puntual son cualidades que ha aprendido en el CSEM. Su mamá fue la única que no le apoyó en la idea, pero su papá y su hermana le dieron fortaleza de tomar la decisión. Teóricamente Salgado domina la mayoría de las armas y “como toda nicaragüense no quiero que le pase nada a la patria. Aquí te enseñan el valor patriótico y a defender la soberanía nacional”, afirma.

Una de sus metas es subir a la tarima con uno de los mejores expedientes, seguramente lo logre, pues tiene el mejor rendimiento académico de su grupo. “Todavía sigo siendo mamista: me hacen falta las cosas que mi mamá me decía y me dice”, superar esto es una de las metas de Carmen para el año entrante.

De faldita, medias de color piel, zapatos negros (por cierto bien lustrados), me encontré a Escarlet del Carmen Munguía Areas. Me sorprendió. Todas las cadetes andaban con el uniforme de campaña, y ése que ella vestía es el de pase y por ser jueves ella no debería usarlo.

“Es que voy al hospital”, explicó. Munguía, de 18 años, recién concluye una de las etapas más difíciles. El primer año. “Desde que estaba en segundo año de la secundaria vi el anuncio en la TV y tomé la decisión de estudiar esto”, apunta. El inconveniente que tuvo es que su papá no estaba de acuerdo. ¡Claro, es su única hija! Pero ella se vino desde Jinotepe, Carazo, a capacitarse en armas.

“Es difícil porque uno viene de una vida muy diferente, acostumbrada a las fiestas y todo eso”, dice. Lo que a entrenamiento respecta no se le hizo difícil por lo que hacía deportes cuando estaba en la secundaria.

Munguía considera que los estudios son un poco difíciles por que en secundaria uno casi no estudia, “por lo menos yo no estudiaba”, reconoce. En una ocasión fue sancionada por no asistir a una competencia de atletismo. Escarlet tiene novio, y su noviazgo funciona bien, a pesar de que ve a su pareja cada 15 días y en ocasiones una vez al mes.

Eran las dos de la tarde. Estaba entrando un camión militar a la academia. Venía repleto de varones armados. Adelante, en la cabina, se miraba una mujer. Era Brenda Karina Lainez Mendoza de 22 años. Ella cursa el tercer año y es la única mujer de un grupo de 64 varones. Venía de un examen, “era mi examen de Táctica General en el terreno, un ejercicio relámpago. Se hace un grupo de cinco a seis cadetes y mejor no te explico porque es bien complicado”, dijo. Me sorprendió verla bajar de semejante camión, no por ser mujer, sino porque Lainez venía con muletas y cargando una mochila. Cuenta que ella siempre tuvo decidido lo que haría al concluir su bachillerato. Tal vez incidió que su hermana y su novio han tenido una vida militar.

“Es una opción para ser alguien en la vida. Aquí no solamente salís graduado de una carrera, sino que aprendés disciplina y tenés un trabajo asegurado. Salís teniendo un orden, respetando a las personas”, explica. Para Lainez lo difícil fue adaptarse al horario, también reconoce que al inicio le daba mucha pena bañarse frente a las demás compañeras, pero que se le quitó rápido “porque uno se tiene que alistar rápido y nadie está pendiente de nadie”.

“¿Qué te pasó en el pie?”, le pregunté. “Fue en un sistemático de Karate Operativo. Le pegué en una costilla a un compañero. Dice el instructor que le pegué muy duro, pero salí más lastimada que él”, concluye entre risas.

Vida militar

El Centro Superior de Estudios Militares (CSEM) se funda en mayo de 1993. Las funciones que éste cumple están de acuerdo a las normas de régimen de las instituciones de educación superior legalmente establecidas.

El CSEM tiene relaciones con instituciones de la sociedad civil, tales como UNAN, UCA, UNI, UNA, Alcaldía de Managua, entre otros. De igual manera existen convenios con el INC (Instituto Nicaragüense de Cultura).

El título de Licenciatura que otorga la Academia es reconocido por el CNU (Consejo Nacional de Universidades). La infraestructura con que cuenta el CSEM es de 30,000 m2, incluyendo 15 aulas, laboratorio de inglés, aulas metodológicas, 1 biblioteca, 1 teatro, albergues, gimnasio, campos deportivos, todo en un área densamente arborizada.

En los siete años de existencia de este centro han egresado un total de 623 jóvenes. Cabe mencionar que los tenientes egresados tienen ubicación segura en la estructura del Ejército.

Anualmente asiste un promedio de 350 jóvenes a la convocatoria del CSEM. La mayoría aprueba los exámenes y llena los requisitos, sin embargo algunos son descartados por el chequeo médico, o bien porque después del examen de admisión ya cumplieron 22 años y están fuera del límite de edad, informó el mayor Balmaceda, jefe de la unidad de estudio.

Al ingresar a la Academia los jóvenes son llevados al campo por 45 días, éste es un período de adaptación. Al regresar, su condición ya es de cadete. Las materias a recibir son Español, Geografía e Historia. En lo que respecta a clases militares, aprenden lo básico e inicial que debe conocer un militar, conocimientos como, elemento soldado, escuadra, dominio del fusil y medidas de seguridad. El cadete tiene derecho a salir cada 15 días.

Sanciones

Algunas de las faltas por las que son sancionados los cadetes son: por ejemplo, el cadete que deja más de tres clases es dado de baja, o sea que debe retirarse.

Es una falta grave no asistir a clases, abstenerse a las pruebas cortas aduciendo no estar preparado. Evadir la asistencia a clases alegando enfermedad. Lo antes mencionado puede ser castigado con recargo de servicio (limpiar corredores) hasta por ocho horas.

Algunas infracciones son sancionadas con la retención del pase hasta por 15 días. Algunas veces se les puede notificar a los padres y a las personalidades que lo recomendaron acerca del comportamiento del cadete. Tener relaciones sexuales está catalogado como una falta grave contra la moral, indicó el mayor.

Las razones principales por las que muchos jóvenes desertan del estudio, son porque sienten muy pesado el entrenamiento o bien porque extrañan a sus padres. Por rendimiento académico e indisciplina hay pocos retiros, apuntó.

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