- Fueron casi doce horas de jornada electoral donde más de dos millones de nicaragüenses decidieron el rumbo del país para los próximos cinco años. Sin duda alguna, fue una fiesta cívica la que hubo mientras las urnas estuvieron abiertas
Nohelia González V. y Gustavo Ortega [email protected]
El calor, las largas filas y en muchos casos la incomodidad de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) no mermaron el deseo de los ciudadanos de elegir a los próximos gobernantes. Desde tempranas horas del día, las calles del país cobraron vida, los funcionarios electorales, las fuerzas de seguridad y los votantes mismos hicieron que Nicaragua “madrugara” antes de lo acostumbrado ayer.
Y aunque las filas fueron enormes por los contratiempos en la apertura de los centros de votación, la gente estaba ahí, sin inmutarse, con ganas de plasmar su decisión. Era común ver llegar a personas de la tercera edad y discapacitados que con algarabía y mucha esperanza depositaban su sufragio.
El respeto prevaleció, de ello fueron testigos los observadores electorales nacionales e internacionales, presentes en todo el territorio. Ellos fueron los fieles aliados del respeto al voto, con el constante respaldo de las fuerzas policiales y castrenses.
Nicaragua votó en paz, y con mucho ánimo. Pero la desconfianza entre los fiscales de los partidos en contienda no se pudo esconder. En algunas JRV exigían con vehemencia la revisión de los documentos de votación, eran insistentes en la defensa de los votos para sus partidos.
Ayer, los millones de nicaragüenses que decidieron los destinos del país para los próximos años se olvidaron por algunas horas de sus diferencias sociales, económicas y políticas, estaban juntos esperando su turno de votar, no querían dejar de ser parte de la historia, ser parte de las elecciones más reñidas en la historia del país, según las encuestas.
Las primeras elecciones del siglo y del nuevo milenio concluyeron así: Todos votaron para decidir su futuro.