Edgard Tijerino M. [email protected]
Puede que no haya sido la mejor atrapada de todos los tiempos, pero las historias que se tejieron a su alrededor la fueron engrandeciendo en forma tal, que con el paso del tiempo Willie Mays ingresó a la Mitología como si hubiera raptado a una de las sabinas… Ocurrió en la Serie Mundial de 1954, y hay quienes creen que para poder llegarle a esa bola bateada por Vic Wertz de los Indios de Cleveland en la profundidad del jardín central en el Polo Grounds de Nueva York, Mays salió del Estadio.
Willie fue un bateador de 660 jonrones, considerado en su momento, como el mejor pelotero del juego. Era capaz de resolver cualquier duelo con un batazo kilométrico, un magistral y sorprendente toque de bola, un robo electrizante, un tiro marca “Laser”, o una atrapada de antología. De manera que, desde antes de cantarse el play ball de la Serie Mundial de 1954 entre los Indios y los Gigantes, Mays, pese a no favoritismo de su equipo, era el “ombligo” del espectáculo.
Ganadores de la cifra récord de 111 juegos en la temporada con una impresionante rotación de 5 brazos: Bob Lemon y Early Wynn, forjadores de 23 triunfos cada uno, Mike García que llegó a 19, Art Houtteman con 15 y Feller con 13, más el campeón de bateo Beto Ávila, el aporte del líder en jonrones y empujadas Larry Doby con 32 y 126, y la presencia de Al Rosen y Vic Wertz, los Indios fueron considerados favoritos para imponerse.
¿Quién iba a imaginar que tan feroz bateador como fue Mays, sería recordado por siempre debido a la atrapada realizada en esa Serie sobre el profundo batazo de Vic Wertz?.
Hay atrapadas inolvidables por su dramatismo y espectacularidad en estos clásicos… La de Al Gionfrido en 1947 sobre aquel batazo de Joe DiMaggio, aparentemente inalcanzable frente a cualquier tipo de esfuerzo. La de Sandy Amoros en 1955, llegándole increíblemente a la pelota que Yogi Berra dirigió hacía la esquina contraria en el left field. Las de Tommie Agee y Ron Swoboda en el clásico del 69. Aquella digna de un marco que nos regaló Joe Rudi con los Atléticos de Oackland durante el inicio de los años 70. La de Charlie Moore de Milwaukee en 1982, y la de Kirby Puckett en 1991 contra los Bravos.
Pero la de Mays quedó como espejo de todas las atrapadas anteriores y futuras. Nunca hubo otra igual, y nunca veremos otra parecida, se ha dicho constantemente, aunque Mays, tratando de no quedar atrapado por “su propia atrapada”, le resta importancia.
ASÍ OCURRIÓ
Era el primer Juego de la Serie Mundial y Bob Lemon estaba enfrascado en un duelo de 2-2 con Salvatore Maglie dio base a Larry Doby y soportó hit de Al Rosen para enfrentar al zurdo Vic Wertz que llevaba de 3-3 en una tarde inspirada… El manager Leo Durocher decidió retirar Maglie y traer del bullpen al zurdo Don Liddie.
Wertz atacó la estrategia con un swing potente sobre el primer lanzamiento, y la bola tomó altura mientras amenazaba aproximarse a la lejana verja del center field en el Polo Ground, a 460 pies del plato… Mays giró, hizo un cálculo rápido y preciso del espacio, impulso, ángulo de caída y sprint necesario, y desplegando un esfuerzo considerado improbable, casi saliéndose del Estadio, logró, en el último instante, reteniendo su encabritado corazón con la garganta, la atrapada más impresionante de todos los tiempos… Joe Dimaggio saltó de su butaca para ovacionarlo con la boca abierta, y el público, hizo explosión.
Los Gigantes ganaron el juego 5-2, y luego se encaminaron hacia una barrida con victorias de 3-1, 6-2 y 7-4… La atrapada de Mays, quitó el aliento y mató el impulso de los Indios.